El 15 de octubre de 1914, dos hombres de aspecto desaliñado, cubiertos con burdas mantas y viejas alpargatas, bebían chicha en una fonda del centro de Bogotá. Cada vez que levantaban la totuma para llevársela a la boca, intentaban disimular algo que ocultaban bajo sus ruanas. Estos personajes, de 19 y 21 años, se llamaban … Continuar leyendo
El 15 de octubre de 1914, dos hombres de aspecto desaliñado, cubiertos con burdas mantas y viejas alpargatas, bebían chicha en una fonda del centro de Bogotá. Cada vez que levantaban la totuma para llevársela a la boca, intentaban disimular algo que ocultaban bajo sus ruanas. Estos personajes, de 19 y 21 años, se llamaban Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal.
Ambos culpaban, sin justificación alguna, al general Rafael Uribe Uribe de haber perdido sus trabajos en el Ministerio de Obras Públicas. Tras apurar un último trago, los hombres salieron del local tambaleándose. Era la una y veinticinco de la tarde. Cerca de la fonda, el senador Uribe Uribe salió de su casa rumbo al Capitolio, llevando en uno de sus bolsillos el proyecto de ley sobre indemnización por accidentes de trabajo que acababa de finalizar. Este era solo uno de los tantos proyectos que había presentado, causando recelo y temor en los parlamentarios, pues era el único que se atrevía a hablar de “seguros sociales”, “educación gratuita y obligatoria” y “derechos laborales”, entre otros.
Al llegar a las escalinatas de la sede legislativa, Galarza y Carvajal lo alcanzaron. Con un par de hachuelas afiladas, lo atacaron repetidamente, y Carvajal le asestó un golpe mortal en el cráneo. Aunque algunos testigos lanzaron gritos de auxilio, ninguno acudió en su ayuda. Sin embargo, alguien inició la persecución de los criminales, quienes fueron capturados poco después.
Agonizante, el caudillo fue trasladado a su casa. Desde su lecho, aún daba órdenes a tropas imaginarias y pronunciaba frases incoherentes. Finalmente, a las dos de la mañana del 16 de octubre, falleció a los 55 años. Sus asesinos fueron condenados a 20 años de prisión. Carvajal murió en el Panóptico de Tunja, mientras que Galarza recibió una rebaja de pena. Al ser liberado en 1934, se trasladó a San Cristóbal, Venezuela, donde vivió bajo el nombre de “Pedro Sánchez”, sumido en el alcohol y el abandono.
Así, en medio del sinsentido, terminó trágicamente, hace 110 años, la vida de Rafael Uribe Uribe, un soldado y ciudadano liberal que, pese a luchar en tres guerras civiles y ser derrotado en todas, encontró en la paz su mayor victoria. Tras deponer las armas en la última, juró nunca más empuñarlas, dedicando el resto de su vida a proclamar la concordia entre los colombianos con la misma pasión con la que antes combatió en los campos de batalla.
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