El ataque a la Catedral Primada de Bogotá por encapuchados que irrumpieron allí en plena eucaristía con arengas en contra de la Iglesia católica y también contra el candidato Federico Gutiérrez, según lo informado por la prensa, es una evidencia más de la incidencia de Petro, candidato del Pacto histórico, sobre este tipo de personajes … Continuar leyendo
El ataque a la Catedral Primada de Bogotá por encapuchados que irrumpieron allí en plena eucaristía con arengas en contra de la Iglesia católica y también contra el candidato Federico Gutiérrez, según lo informado por la prensa, es una evidencia más de la incidencia de Petro, candidato del Pacto histórico, sobre este tipo de personajes generalmente infiltradas en las manifestaciones ciudadanas para introducir el caos y la destrucción de los bienes públicos y privados.
Evidente, porque es una característica de la llamada primera línea, incluso mezcladas en fecha reciente con la celebración del Día de la Mujer. En el caso de la catedral, tales agrupaciones han pretendido confundir el acto reprochable con una manifestación cultural, emulando a su presunto patrón, al pretender generar confusión con peligrosa terminología dentro de su repertorio político, como utilizar la palabra democratizar para reemplazar reconocidas prácticas comunistas de expropiación de bienes privados.
Crear una pensión de $500.000 para 3 o 4 millones de adultos mayores, trasladando los dineros del producto del ahorro pensional de otros millones de colombianos al presupuesto nacional, es otra forma de expropiación indebida. No se le puede denominar de otra forma por más que el profesor de marras, asesor de Petro en esta materia, pretenda sin éxito alguno demostrar lo contrario. Aparte de esto, recordando otra de sus propuestas de emitir moneda para cubrir el déficit fiscal sin un respaldo real, claramente generaría un peligroso e inatajable impacto inflacionario que en muy poco tiempo, como sucedió en Venezuela, haría que nuestro peso colombiano alcanzase unos niveles de devaluación tan altos que, esa suma entregada a la población adulta, arrastrando además el presupuesto de millones de colombianos, alcanzara a duras penas para comprar una librita de carne al mes, como lo sucedido en nuestro vecino país forzando a millones de sus pobladores a salir a sus países vecinos y acudir a la caridad pública con sus costalados de inservibles bolívares, para cambiarlos por otras monedas de valor real.
Conservo la esperanza en la sensatez de nuestro electorado para que no caigamos en estas trampas de economía planteadas de forma soterrada y disfrazada por el candidato Petro. Ideología que tiene a nuestro vecino y sus habitantes en tan lamentables condiciones, aun contando con una riqueza de la naturaleza que otrora lo ubicara como el más próspero y rico de Latinoamérica. Riqueza que hoy solo beneficia a quienes están detentando el poder, pues es característico de tal régimen exclusivista, avasallador y dictatorial, concentrarla en el entorno exclusivo de su conveniencia, incluidas sus fuerzas militares y de policía, altas cortes, fuerzas parlamentarias y organismos de control y fiscalización.
Recordando el caos que Petro armó en Bogotá a su llegada a la alcaldía con el tema de las basuras, no quiero imaginarme el que armaría en todo el País con la salud, al liquidar las EPS, o con las pensiones al retirar los ahorros de los trabajadores de los fondos privados, o con las empresas, si hace con ellas lo que el ladrón al violentar las casas a “democratizar” las pertenencias de sus moradores. Igual temor que la destructiva primera línea se convierta en algo como los temibles comandos civiles venezolanos para reprimir con violencia a quienes no estén de acuerdo con tal gobierno. Que Dios nos ampare.
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