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La verdadera amistad

Óscar Piedrahíta

martes, 21 septiembre 2021

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Maravilloso el dinamismo comercial y social que rodeó el Día del Amor y la Amistad. Fue notorio el fluir de detalles y resultó positivo el balance para los comerciantes, que han estado muy lastimados con los efectos de la pandemia. Muy bien por la actividad gremial, que incentivó a empresarios y ciudadanos a tener un … Continuar leyendo

Maravilloso el dinamismo comercial y social que rodeó el Día del Amor y la Amistad. Fue notorio el fluir de detalles y resultó positivo el balance para los comerciantes, que han estado muy lastimados con los efectos de la pandemia. Muy bien por la actividad gremial, que incentivó a empresarios y ciudadanos a tener un excelente desempeño. También, una expresión de gratitud a la Policía y al Ejército, que generaron una sensación de seguridad con su presencia. 

Más allá de estos elementos comerciales, que son importantes para las personas y la dinámica económica, es relevante hablar del sentido de la verdadera amistad, como vínculo que une a seres humanos.

La amistad, además de ser un lazo irrompible entre “dos hermanos que se eligen”, constituye una experiencia inolvidable. Es como un telón de momentos de vida, que se va tejiendo con instantes compartidos, diálogos, días de dicha, de duelo, preocupaciones que, al ser conversadas, pueden aminorar el peso que producen en el alma, consejos, chistes y anécdotas. Es una construcción que se va dando a lo largo del tiempo y termina tan fuerte como los vínculos de sangre, porque los amigos son más que parientes. 

¿Qué hace que la amistad sea verdadera?

Primero: El reconocimiento del otro como único y valioso. La amistad se fundamenta en una mirada especial del amigo, a quien consideramos digno de aprecio y admiración. Se basa en evidenciar en él condiciones especiales y distintas.

Segundo: La capacidad de comunicarse con claridad y sin ofensas. Dos cosas son fundamentales: la primera, la sinceridad, que permite decir lo que es, sin máscaras, ni ocultamientos; que concede licencia para hablar y expresar los pensamientos y opiniones, sabiendo que el interlocutor tendrá una escucha generosa. La segunda, la salvaguarda de la dignidad, pues al amigo se le quiere conservar. De allí que abstenerse de generar frases que propicien grietas o rupturas en la relación, sea prioritario.

Tercero: La posibilidad de ser objetivo, absteniéndose de emitir juicios. Un buen amigo dice lo que piensa, no lo que cree que el otro espera escuchar. Su mirada de bondad le permite expresarse sin descalificar o hacer que el otro se sienta señalado o incomprendido. Puede escucharlo con generosidad, entendiendo que la condición humana genera muchas implicaciones y un amigo existe para compartir con él, aquello que no se le contaría a nadie más.

Cuarto: El compromiso con la mutua edificación. La diferencia de esta relación con otras radica en que existe el deseo continuo por lograr que el otro evolucione, que sea mejor persona. De allí que con nuestras acciones y palabras queramos aportar para ello. 

La auténtica amistad regala momentos felices y nos permite ser mejores, caminando juntos, tomados de la mano, por el extenso sendero de la vida. (A Libia Gutiérrez Valencia, Emelia Peña Guerrero y José Nicolás Uribe Aristizábal).


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