Una colina es una elevación leve del terreno, de menor altura que una montaña, que tiene varias condiciones: la primera, se puede ascender a ella con un esfuerzo moderado. La segunda, permite contemplar el paisaje, pues se eleva hasta 100 metros sobre el suelo, lo que entrega la posibilidad de estar más cerca del cielo … Continuar leyendo
Una colina es una elevación leve del terreno, de menor altura que una montaña, que tiene varias condiciones: la primera, se puede ascender a ella con un esfuerzo moderado. La segunda, permite contemplar el paisaje, pues se eleva hasta 100 metros sobre el suelo, lo que entrega la posibilidad de estar más cerca del cielo y por ende, del sol, la luna y las estrellas. La tercera, posee forma redondeada y cima roma, lo que hace de ella una expresión sutil del relieve, llena de armonía.
En la capital quindiana, existe un barrio que lleva este nombre: Las Colinas, ubicado en la comuna 3, al sur de Armenia. Un sector poco visitado por algunos, con una vida propia, dinámica y alegre.
Es cierto que en algunos momentos de su historia este lugar ha afrontado problemáticas: episodios aislados de violencia, pobreza y la compleja situación del microtráfico de estupefacientes.
Sin embargo, la pujanza de su gente, el amor de quienes allí viven, por el territorio y el vecindario, y las capacidades humanas y sociales de los habitantes y también de personas que prestan servicios allí: educadores, funcionarios, personal de la salud, policías y comerciantes; logran crear un lugar acogedor, desde el cual se puede avistar un precioso paisaje y disfrutar de un agradable entorno.
El sábado 9 de octubre, la administración municipal llevará a cabo una Jornada de Amor por Las Colinas. Iniciativa de las mujeres del barrio que cuenta con el apoyo del señor alcalde. Muy merecida esta mirada de afecto sobre un espacio con grandes potencialidades, siendo la más importante el empuje de los pobladores.
Hay que amar cada rincón de esta ciudad, porque es nuestra, porque nos pertenecemos mutuamente, porque la raíz del alma está sembrada en ella, porque con su tinta se escriben las líneas de nuestra historia y somos nosotros, las páginas sobre las cuales se dibujan los sucesos, pues el devenir de los territorios no es otra cosa que el trasegar de sus habitantes, que con cada paso, acariciamos la tierra que en su vientre guarda los recuerdos, el pasado, las semillas y la vida misma… Debemos los cuyabros amar a Las Colinas. ¿Cómo hacerlo?
Primero, visitándolo. El placer del territorio son los pasos de los caminantes. Ir allí, tomarse una cerveza o gaseosa en alguna tienda, deleitarse con una gustosa arepa con mantequilla y queso, amasada con la esperanza de madres y abuelas, dejarse tentar por una empanada o un buñuelo de las muchas panaderías que allí se ubican, hacerse parte de sus dinámicas, disfrutarlo.
Segundo, apoyando iniciativas. El 9 de octubre las mujeres del barrio ofrecerán un Festival Gastronómico, al que estamos todos invitados, para alimentar su fe en la iniciativa emprendedora y la construcción de futuro.
Tercero, hablando bien del barrio. Cuando ocurre un hecho lamentable, es fácil hacer críticas, sin embargo, es escaso que alguien se enfoque en resaltar la extensa lista de aspectos positivos que un sitio como este posee. Hay que admirar, reconocer y resaltar; para que nos animemos a ir a este y muchos sectores, no tan frecuentados y hagamos sentir a los que allí viven, que todos palpitamos con el mismo corazón.
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