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Libros viejos

Camilo Andrés López Leal

domingo, 22 febrero 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Obsolescencia, dícese cuando un objeto o servicio se vuelve inútil, anticuado o ineficiente. ¿Será posible que un libro se vuelva obsoleto? ¿Los libros se vuelven inútiles, anticuados o ineficientes?

Sin el mayor ánimo de generar controversia, aunque bienvenida la controversia, el no estar de acuerdo, el estar en contra, no a favor, pensar diferente.
Solo quienes quieren imponerse sobre los demás ven la controversia como algo inapropiado y tratan de ignorante a quien cuestiona. En ese caso, mejor ser un “ignorante” que controvierte que un consensuador que termina oprimiendo. Bueno, como sí hay algunos que llevados por la ilusión efímera de la novedad llegan a considerar que existen libros obsoletos, inútiles, anticuados e ineficientes, me permito aquí controvertirlos. A ellos, les quiero decir, que estos libros no son tal, pero sí son libros viejos, que por viejos no son obsoletos, sino todo lo contrario, son en muchos casos más valiosos y actuales.

El objeto libro, como objeto material sufre deterioro, daño, desgaste y se puede destruir, sin embargo, el oficio del bibliotecario o la tarea del lector coleccionista de libros ha sido el de cuidar, conservar y preservar los libros a pesar del deterioro material que puedan sufrir. Históricamente las bibliotecas han tenido por función el acopio, almacenamiento y, por tanto, el cuidado y la preservación de los libros. Esta tarea ha involucrado también la práctica que lleva a tomar la decisión de descartar libros, Sin embargo, el presupuesto detrás del descarte de libros en las bibliotecas no es la obsolescencia, sino, una de las particularidades que ha tenido y agobiado a las bibliotecas y colecciones a lo largo de la historia, el exceso de información, el límite de su almacenamiento. Este es un tema del que hablaremos después. Ahora, una de las virtudes de la biblioteca ha sido entonces la de cuidar libros viejos, tanto por su valor y condición material, así como su valor intelectual, por su contenido, las ideas, historias y testimonios que allí se presentan. Estas dos condiciones hacen que todo libro con el paso de los años sea considerado como un objeto patrimonial.

¿Cuál es el libro más viejo que pueda tener tu biblioteca o la biblioteca de tu colegio o universidad? Esta sería una exploración interesante, cautivadora y en muchos casos sorprendente. Así como lo último es novedoso, descubrir un libro viejo también es una novedad. Hace pocos días, en una exploración a la Biblioteca Euclides Jaramillo Arango de la Universidad del Quindío, un lugar amplio con una colección de libros impresos de más de 30.000 ejemplares, junto a estudiantes de filosofía encontramos una edición de la novela clásica El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel Cervantes Saavedra con año de publicación de 1916. Un libro viejo, con más edad que la misma biblioteca y la misma universidad donde se encuentra, toda una novedad. Esta edición corresponde a la editorial Salvat y se encuentra en 2 volúmenes en un formato grande, una edición con ilustraciones en láminas.

Como todo libro viejo, sus hojas presentan algunas manchas de óxido en un papel grueso, gastadas la portada y lomos, pero en general en muy buen estado de preservación. Un libro viejo, que considero es todo un patrimonio de esta importante biblioteca universitaria. Podrán existir muchas ediciones más de esta novela universal, pero el estar presente frente a un objeto libro que tiene más de 100 años, el ver sus detalles, notar la impresión de las letras en el papel, como era la impresión hace décadas, es todo un descubrimiento, una novedad que conviene seguir preservando. La preservación es una tarea vital de la biblioteca.


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