A medida que se acercan las elecciones locales, se avivan los ánimos. Se decantan listas para las corporaciones y se van fortaleciendo las aspiraciones de hombres y mujeres, que desean competir para liderar los destinos de los municipios y del departamento.
Dos situaciones contrastantes se presentan en nuestro bello Quindío en torno a este asunto.
La primera, una apatía profunda en muchos ciudadanos, fruto quizás de la historia reciente, mediada por el desencanto y la decepción. No es un hecho banal que tengamos tan ‘encartados’ con la justicia a quienes han ejercido liderazgo en ámbitos oficiales; es algo que más allá de los juicios de valor que puedan realizarse sobre la justicia o no de investigaciones y sanciones, debe movernos a la reflexión sobre la manera en la que estamos siendo los ciudadanos y los líderes, sobre la responsabilidad ética y la concepción que tenemos de transparencia, honorabilidad y moral pública.
El desánimo que se percibe en algunos círculos, contrasta con una pléyade de candidatos. Personas reconocidas en la historia han prestado sus nombres para estas aspiraciones y algunos en verdad ofrecen un palmarés interesante.
Hay de toda clase: desde quienes han desempeñado importantes y honrosos cargos a nivel regional y nacional, hasta los que han tenido una aparición reciente en el escenario proselitista. Unos y otros se consideran a sí mismos la solución ante la situación que vivimos y por supuesto, más allá de preferencias particulares, merecen el respeto y consideración de los electores.
Esos dos hechos hacen que sea necesario preguntarse… ¿Qué tanto somos responsables los ciudadanos de las cosas que ocurren? ¿Hemos sido partícipes, cómplices o por lo menos, responsables por omisión, de las situaciones que estamos viviendo? ¿Qué ha faltado de nosotros para que escribamos una historia política distinta a nivel local? ¿Qué debemos hacer frente a los altos niveles de indiferencia que se presentan ante lo político?
Elegir a quienes han de liderarnos constituye un reto, porque determina en gran medida nuestro presente y futuro como comunidad. Hemos de respirar hondo para sobreponernos a lo que nos duele como ciudad y departamento, valorar lo positivo —que sí lo hay—, reconocer a las personas buenas del contexto público— que existen— y ser juiciosos en estudiar la trayectoria, preparación y antecedentes de integridad de los candidatos.
En el Quindío existen personas buenas —sin duda—, capaces, inteligentes, idóneas, amantes de la tierra y visionarias… Claro que sí. Es menester reconocerlas y apoyarlas, pues solamente desde liderazgos coherentes y contundentes podremos construir unidos el futuro que soñamos y merecemos para este paraíso en el que nos correspondió vivir.
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