El liderazgo, coherente, sólido y, sobre todo, con propósito, es tal vez la más sentida necesidad en esta región del país. Hay casos notables, de personas que se distinguen por talentos particulares y han logrado cosas importantes como empresarios, gestores culturales y políticos, sin embargo, siguen siendo una minoría, lo que hace que logren crear e impulsar procesos valiosos y dignos de rescatar, pero impide que se propicien grandes espirales de transformación que modifiquen el sentido de la historia, pues una cosa es generar proyectos y otra, propiciar el desarrollo que el Quindío necesita y que debería tener, pues son inmensas las potencialidades y oportunidades.
Es perentorio trabajar en la formación de líderes, con visión, honestidad, fuerza y convicción, con carácter y determinación y elevados estándares éticos.
Existen procesos interesantes a nivel local, como el excelente ejercicio que realiza la empresa Crear Colombia desde hace un poco más de un año y que ha dado frutos en diversos ámbitos de la vida social, sin embargo, sigue faltando generalizar la formación y encender antorchas que disipen las tinieblas y activen las oportunidades que necesitamos para esta tierra. ¿Qué líderes deben ser?
Primero, seres íntegros y coherentes. Sustentados en principios, incorruptibles, con la conducta enfocada a la probidad, alejados de la búsqueda del beneficio individual —sobre todo a nivel económico— y conectados con la solución de necesidades comunes. Se necesitan en todos los sectores: social, cultural, empresarial y sobre todo político.
La integridad debe estar en el comportamiento, no solamente en el discurso.
Segundo, líderes humildes, capaces de reconocer los logros de otros, sin vanidades ni veleidades que les hagan desconocer lo bueno de los demás, para que puedan construir sentido comunitario. Líderes que comprendan que el ego es solamente el gran oponente, enemigo personal que persigue como una sombra y agobia. La humildad es un reflejo de la sabiduría, de saberse finito y vulnerable, mortal, de comprender que estamos de paso: por la vida, por el mundo, por las empresas, por las administraciones y que nuestra única posibilidad es entregar lo mejor y mantenernos en continuo aprendizaje.
Tercero, líderes con pensamiento de grandeza y visión de futuro. Algo que requerimos es pensar en grande, dejar el diminutivo, el miedo, la prevención con lo que nos asusta por enorme, saber que los grandes problemas ameritan soluciones de la misma magnitud y en Quindío, algunos, como el desempleo y el suicidio, son monstruos de muchas cabezas.
Cuarto, líderes con capacidad para generar sinergias. No es bueno solo el que en sí mismo es poderoso, sino aquel que logra convocar y reunir a los mejores para sumar fortalezas y multiplicar logros, pues desde el individualismo y el egocentrismo, es poco lo que se puede avanzar…
Por esos líderes clamamos… Y los debemos formar.
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