Faltan algunos días para comenzar las fiestas decembrinas. Desde hace algunos días e incluso meses ya estamos escuchando: ‘en agosto, la música de diciembre’, se hacen simulacros musicales, se abren almacenes de comercio destinados a la venta de todo tipo de adornos navideños, se nota el colorido, la fiesta y la alegría. Las canciones también … Continuar leyendo
Faltan algunos días para comenzar las fiestas decembrinas. Desde hace algunos días e incluso meses ya estamos escuchando: ‘en agosto, la música de diciembre’, se hacen simulacros musicales, se abren almacenes de comercio destinados a la venta de todo tipo de adornos navideños, se nota el colorido, la fiesta y la alegría. Las canciones también lo gritan: “Llegó diciembre con su alegría, mes de parrandas y animación” y como esta, otras tantas han sido escritas expresando diversión, fiesta familiar, jolgorio, noche buena, etc. Diciembre se caracteriza por el colorido, las luces multicolores, la natilla, los buñuelos, la lechona, los tamales, las guirnaldas, el alumbrado, las novenas, los aguinaldos, el árbol navideño, el pesebre, las alboradas, los juegos pirotécnicos, la devoción. Así, que podríamos pensar por un instante en ¿Cómo nos estamos preparando para vivir las fiestas decembrinas? Los cristianos, celebramos, con fe y humildad la Encarnación del Hijo de Dios, que nace en el pesebre de Belén y quiere nacer en nuestros corazones. Quizá, muchos no entiendan esta hermosa celebración, misterio central de nuestra fe. Por lo mismo, quisiera sugerirles una pregunta: ¿De qué color es tu fe? Más aún ¿de qué color es tu vida? Cuando pienso en los colores lo asocio con los estados de ánimo y las emociones. Algunos podrían pensar: ‘mi fe y mi vida son de color verde’ porque me anima la esperanza, saber que, pese a las dificultades, podemos soñar la vida y contemplar a Jesús, el Niño Dios, como la Esperanza que no defrauda. Verde porque nuestra familia sigue luchando sin desfallecer, oramos, realizamos actividades y soñamos juntos. Otros podrían pensar: ‘mi fe y mi vida son de color rojo’, porque tengo mucho dolor en el alma al perder mi empleo, al tener que suspender mis estudios, mi familia se está resquebrajando, mi hogar está pasando por un momento muy difícil, los conflictos se han acrecentado en mi familia. Muchos podrían decir: ‘mi fe y mi vida es de color azul’, porque me siento tranquilo y sereno, me siento en paz, disfruto con mi familia, comparto con los más pobres, valoro a mis papás; algunos podrían expresar: ‘mi fe y mi vida son de color blanco, porque he aprendido a ser transparente, a vivir con pureza, sin doblez; no me he dejado embaucar por la intriga, la violencia, las críticas, trato de estar en paz con todos. Otros, podrían decir. ‘mi fe y mi vida son de color gris’, porque he ido perdiendo el sabor a la vida, me he ido enredando, me he alejado de Dios y de las personas que amo, todo lo veo con pesimismo y fatalismo. Qué hermoso poder afirmar: “mi fe y mi vida son multicolores”, porque la vida es un don de Dios; no importa si hace frío, no importa si hace calor, la vida es multicolor. llegó diciembre y nuestro compromiso será compartir con los más vulnerables, evitar el consumo del alcohol y sobre todo evitar combinar el alcohol con la pólvora, celebrar la fe en familia, construir el árbol de navidad, hacer el pesebre. Las tradiciones navideñas hay que transmitirlas a los hijos recordándoles que Jesús no nació en un árbol de navidad sino en un pesebre, de ahí la importancia de convertir nuestros corazones en una cuna de Belén, para que Jesús recién nacido nazca en ellos y more en nosotros, no un ratito sino para siempre.
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