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Lo necesito, aunque no lo buscaba

Camilo Andrés López Leal

sábado, 6 enero 2024

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Entre las prácticas de lectura, aventurarse a revisar libros o cualquier texto en la biblioteca personal, en la biblioteca pública o en alguna librería, se convierte en un experiencia bibliográfica y textual bastante significativa. Esto en el formato análogo e impreso, pues la eficiencia de lo digital cancela la aventura de la búsqueda. Así lo hemos vivido y así lo relatan algunos pensadores y escritores; así conviene contarlo para fomentar ese acto de búsqueda que se enmarca en esa práctica que llamamos lectura. 

Mark Forsyth, escritor y crítico inglés, bajo el título Desconocido, desconocido. Las librerías y el placer de encontrar lo que no estabas buscando (2014), en un breve ensayo relata de manera lúcida y con algo de humor, el azar de encontrar ese texto que desconocíamos y que además no estábamos buscando. A partir de tratar de manera irónica una frase de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos en los gobiernos de Ford y Bush, Forsyth relata varias experiencias reveladoras sobre la búsqueda o también el perderse en una biblioteca o librería de manera presencial: “Hay cosas que sabemos que conocemos. También hay cosas desconocidas conocidas, es decir que sabemos que desconocemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, aquellas que no sabemos que desconocemos.” 

Insiste Forsyth que es diferente la búsqueda análoga a la digital. Internet es una herramienta valiosa en la medida que nos permite encontrar de manera rápida lo que sabemos que queremos, para ello están diseñados los algoritmos; pero es mucho más maravilloso, sorpresivo y significativo encontrar lo desconocido, por lo regular en otra parte a internet, en un lugar que no reglado por máquinas algorítmicas que saben al detalle qué queremos. Las bibliotecas personales, las públicas, los archivos, las librerías son esos lugares que nos invitan a la aventura de encontrar lo que no estábamos buscando. De esa manera encontré este texto de Forsyth, que no lo conocía y no lo estaba buscando, pero lo necesitaba.

De igual manera, Joan-Carles Melich, escritor y filósofo español, al comienzo de su libro La sabiduría de lo incierto. Lectura y condición humana (2019) dice: “Un día un poco antes de Navidad, entré a una librería. Suelo hacerlo a menudo. No tenía nada de especial, era un día como otro cualquiera, un día corriente en el que tampoco buscaba nada en concreto. Llevaba un rato allí y de pronto lo vi. No sé qué me llamó la atención, pero lo saqué del estante y, como hago siempre, con cuidado, con delicadeza, acaricié su lomo y su cubierta. Lo abrí, lentamente, lo sentí entre mis manos, y leí el poema…” 

Es así que un día desprevenido, no programado o planeado, un día cualquiera que no buscamos nada, encontramos algo que nos permite una experiencia inolvidable, algo que nos atrapa y sorprende y nos permite luego decir lo necesitamos, aunque no lo buscábamos. De esta manera, en la aventura de esculcar el archivo y biblioteca personal, encuentro entre fotocopias unos papeles viejos, con la huella del tiempo marcada en el color amarilloso del papel y el olor a humedad, algo que no estaba buscando pero que me atrapa y considero que lo necesitaba. Es así que entre un libro fotocopiado de Walter Benjamín encuentro un viejo trabajo escrito dedicado a Baudelaire titulado El poeta en la multitud, donde alguna vez dije: “El poeta observa la multitud o la ciudad sin prejuicio alguno y sin ocultarse su realidad, mira la ciudad y al mismo tiempo se mira a él en ella.” Necesitaba recordar esto, aunque no lo buscaba.


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