Se aproximan las elecciones. La indiferencia ciudadana y apatía política siguen siendo mayoría, muchos se auto proclaman “apolíticos” (como si alguien pudiera desentenderse del destino compartido) y otros expresan rechazo e incluso rabia hacia los candidatos.
“Todo es lo mismo”, manifiestan unos haciendo gala de su ignorancia, sin saber que el abstencionismo y el desentendimiento de las personas por el ejercicio del poder y lo que conlleva, es la raíz de la mayor parte de los problemas.
Muchos no quieren hablar del asunto, no les interesa entender quiénes son los postulados y qué proponen, tampoco si se trata de personas íntegras, aportantes y con posibilidad de plantear propuestas interesantes. La indiferencia es más grave de lo que puede pensarse.
El 8 de marzo nos estaremos jugando muchas cosas, lo entendamos o no, porque creer que cada uno es un destino separado, que lo que ocurre depende únicamente de su accionar y que lo que pasa en el barrio, vereda, comuna o municipio no es de su incumbencia, es un acto no solamente egoísta, sino también, carente de lógica. ¿Qué está en juego?
Primero. La pureza de la democracia. No se trata solo de poder expresarse materialmente en los tarjetones. También son relevantes las motivaciones reales. Nadie debería votar únicamente por un interés personal o lo que es peor, por la necesidad de mantener algo o el temor de perderlo… Todos tendríamos que tener, como derecho sagrado, la libertad de escoger a quien, desde nuestra opinión, merece representarnos. La intimidación y la corrupción al ciudadano mediante ofertas que solucionan problemas inmediatos, contaminan la democracia al restringir la libertad.
Segundo. La posibilidad de aspirar a dignidades públicas. En cada campaña se abren o se cierran posibilidades. Hay nuevos liderazgos que empujan hacia adelante. Personas jóvenes – por tener corta edad o ser nuevos en el campo político –, que merecen la posibilidad de llegar a los cargos. En las listas tanto para Senado como para Cámara, se encuentran nombres de hombres y mujeres que cuentan con integridad y preparación para cumplir un buen rol. Si solo se puede aspirar con un respaldo financiero descomunal o se permite que únicamente los que cuentan con ciertos apoyos tengan opciones reales de elegibilidad, estaremos quitando espacios a líderes que podrían hacer algo bueno. Ellos a veces ni siquiera se presentan, por creer que no pueden lograrlo.
Tercero. El mapa político para las regionales. En cada proceso electoral, las fuerzas se reacomodan y se vislumbran perspectivas. Se marcan tendencias, que, de alguna manera, permiten anticipar lo próximo. Es importante que, cada vez, exista ratificación de la autonomía, que los liderazgos sean genuinos y tengan como base las capacidades y autoridad moral, que sean las ideas, currículos y posibilidades de incidencia lo que marque las preferencias y sobre todo, que cada jornada sea una verdadera fiesta democrática en la que se compita de forma limpia, sin artimañas, ni recursos de bajeza.
Que los contendientes mantengan el respeto, que no se recurra a estrategias que confundan al elector o creen informaciones falsas, que se proceda con pulcritud para que los mejores lleguen a donde deben y desde allí, sirvan al bien común (no el provecho individual).
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