Saltar al contenido

Los cuarenta

Mauricio Hernández

miércoles, 25 febrero 2026

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

A decir verdad, la disminución de la vista a los cuarenta es una señal necesaria, incluso reconfortante. La aparición con puntualidad de la presbicia a esa edad es una forma de recordarnos que, lo que considerábamos una máquina, por allá en los terrenos de la adolescencia, en realidad es un cuerpo falible y deteriorable que va perdiendo sus superpoderes.

El tiempo castiga la carne, pero alimenta eso que llamamos mente. Su combustible es la sabiduría, y esa solo llega después de haber vivido. A los cuarenta uno empieza a sentirse satisfecho con lo que tiene. Pese a renegar por lo que se ha ido o se ha dañado, empezamos a aceptar la vista borrosa y a ganar en una forma distinta de mirar.

El amor ha pasado por mil formas y mil noches. La tragedia y el dolor ya han macerado lo suficiente. Hay rastros de heridas y sus remiendos. Si llegamos sanos a esta edad y solo hablamos de la borrosidad de los ojos, es porque la enfermedad aún no se ha posado del todo en nosotros, aunque ya hayamos hecho un sinnúmero de filas en las EPS.

Hemos pasado por diferentes trabajos. En algunos nos hemos alegrado, en otros, salimos muy debilitados. Pero a los cuarenta uno ya sabe a qué se quiere dedicar el resto de la vida. A lo mejor, es cuando uno decide estar en trabajos que revitalizan o que extinguen a fuego lento.

A esta edad uno no está viejo, pero tampoco se es un joven como a los veintitrés. Hay vitalidad, sí, pero se entra en una fase de disfrute más serena.

Tal vez no haya ganas de moverse tanto, pero eso no significa haber iniciado una etapa de quietud. Por el contrario, intentamos movernos más, ahora con intención: hacer ejercicio para que los pulmones y el corazón resistan los fallos del futuro; levantar un poco de peso para que, más adelante, cuando el cuerpo esté arrugado, no duela agacharse.

También, vamos reduciendo nuestros círculos: las amistades son pocas; la confianza, un tesoro escondido; los lugares que frecuentamos son más íntimos y tranquilos, sin mucho ruido; incluso ya tenemos un listado de alimentos que no podemos consumir para que no se dispare el colesterol, ni se suba el peso, ni se nos infle el estómago.

En esta etapa de la vida, dejamos de emitir opiniones a diestra y siniestra. Entendemos que el silencio es protección. Pese a que podemos ser más agudos con las palabras, preferimos renunciar a decir algo, para evitar un desgaste innecesario. Reclamamos encuentros honestos y a personas que no quieran perder el tiempo. Sobre todo, empezamos a entender el verdadero significado de no tomarnos todo de manera personal.

A veces estamos en la punta de la cresta de la ola: fogosos, victoriosos, con singular impulso; en cambio, en otras ocasiones, estamos en la parte más llana de la ola: calmados, tranquilos, pero en movimiento, avanzando y, a veces, retrocediendo mientras miramos cómo la arena se humedece.

Para mí, esos son los cuarenta.


  • Temas relacionados :

junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
Noticias relacionadas