Difícil, muy difícil, hallar hechos positivos, realizaciones constructivas, en dos años largos de malgobierno. Varios meses atrás, antes de estallar la pústula UNGRD, tal como pronostiqué entonces, punta de témpano de proporciones monstruosas, aún se escuchaban y leían comentarios de prensa de petristas recalcitrantes, presentando como logro, defendiendo con denuedo, la reforma tributaria aprobada por … Continuar leyendo
Difícil, muy difícil, hallar hechos positivos, realizaciones constructivas, en dos años largos de malgobierno. Varios meses atrás, antes de estallar la pústula UNGRD, tal como pronostiqué entonces, punta de témpano de proporciones monstruosas, aún se escuchaban y leían comentarios de prensa de petristas recalcitrantes, presentando como logro, defendiendo con denuedo, la reforma tributaria aprobada por un congreso primíparo dispuesto a girar cheques en blanco al gobierno entrante, en 2022, a cambio de lucrativas coaliciones. Igual, calificaban de valiente el desmonte del subsidio a la gasolina motor, en beneficio de “programas sociales” indeterminados. A estas alturas del cuatrienio, tal como se proyecta, el peor de la historia republicana, ni una ni otra acción han representado avance alguno a favor de las supuestas mayorías votantes del “cambio”. Finalmente dilapidados, hechos humo, transformados en factores contribuyentes de la peor corrupción que el país recuerde, esos mayores ingresos fiscales, calculados en más de $ 15 billones para 2023, equivalentes al 1.8 % del PIB, nada significaron en términos de mejores perspectivas de bienestar, de estabilidad económica para el país -el crecimiento del año anterior fue apenas de un 0.6 %-; primero, por la torcida intención de la reforma, en el fondo, arma contundente contra sectores sociales y productivos opuestos al odio, a la confrontación de clases; luego, por las inconsistentes cifras macro sobre las cuales se calculó; finalmente, ante la voracidad codiciosa de la casta zurda en el poder.
Está demostrada la ineficacia de aquella reforma, presentada a las volandas como solución, como abrebocas al país de cucaña, a la tierra prometida, por los mismos que meses antes incendiaron el país en rechazo a la planteada por el gobierno Duque, con mejor sustento técnico y cálculo financiero. La mejor prueba de lo anterior radica en la dramática desfinanciación, tanto del presupuesto del año corriente como el del próximo, sin que la opinión pública se dé por enterada, absorta en la cantinflesca verborrea del yonqui. La friolera de otros $ 12 billones, reclama el régimen Petro de una nueva reforma tributaria, para prolongar su labor destructiva en las instituciones, para continuar nutriendo las múltiples fauces de la corrupción con la necesaria complicidad de senadores y representantes, y comprando incautos a granel que aseguren su continuidad en el poder. La profundización del abismo deficitario entre ingresos y gastos del Estado traerá nefastas consecuencias que mes a mes iremos sintiendo los colombianos del común, no los enchufados al régimen, quienes compensan sus personales desbalances con los raponazos al erario.
Gran parte del desmadre presupuestal, consiste en la obvia y por muchos prevista caída en las utilidades de Ecopetrol, por bastante margen primera industria nacional, fuente tradicional de ingresos netos al tesoro -en 2023 aportó el 11% del presupuesto nacional-, afectada por varios factores, los principales de directo resorte del Gobierno. Baste recordar que incluso antes de portar la banda presidencial -la bordada en oro, no la otra-, Petro condenaba el objeto social de la empresa emblema del país, posando de redentor energético de la humanidad, clausurando de paso las labores exploratorias en nuevos yacimientos de hidrocarburos. El a todas luces prematuro y torpe liderazgo, en busca de protagonismo mediático, le costará a Colombia más de un dolor de cabeza y de tesorería. Está en serio riesgo el suministro de gas natural, fuente energética para los más vulnerables sectores populares urbanos y del transporte. Tal como ocurrió durante un par de días de reducción en el suministro de combustible para aviación, nos esperan caos y explosión de precios a cargo de la estulticia instalada en Casa de Nariño.
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