El día del maestro es un día memorable toda vez que enaltecemos la vocación de los educadores, hombres y mujeres llamados a persuadir, corregir y orientar. Los educadores aprenden a ser ‘padres’ y ‘madres’, sin sustituir a los progenitores, viven su vocación en la capacidad de escucha, la disciplina sin legalismo, la autoridad sin autoritarismo, … Continuar leyendo
El día del maestro es un día memorable toda vez que enaltecemos la vocación de los educadores, hombres y mujeres llamados a persuadir, corregir y orientar. Los educadores aprenden a ser ‘padres’ y ‘madres’, sin sustituir a los progenitores, viven su vocación en la capacidad de escucha, la disciplina sin legalismo, la autoridad sin autoritarismo, la transmisión de la verdad sin intransigencia, la enseñanza de los valores sin imposiciones, la belleza de la libertad sin cadenas ni opresiones. Ser maestros por vocación es superar la tentación de asumir un oficio remunerado olvidando la creatividad, la ética, la moral, la estética, el compromiso, el misticismo, la pasión para servir. Ser maestros por vocación es sentir la fuerza de la inspiración para enseñar con pasión, abrir el corazón a la verdad y convertirse en referentes de una paternidad y maternidad espirituales, preocupados por los alumnos, a quienes se les ve crecer humana y espiritualmente. No hay que olvidar que la educación en los tiempos actuales plantea serios desafíos y que la educación en Colombia tiene serios vacíos que impiden una auténtica equidad y desarrollo integral, aunque pretendan mostrarnos lo contrario. Los maestros hoy están desprovistos de autoridad, pues a los estudiantes se les otorgan derechos y los ‘deberes’ quedan en el vacío. Hay maestros que ejercen en un colegio, tienen contrato con una universidad, vinculados a dos o tres instituciones para tener una solvencia económica digna y este tipo de acciones, debilita al maestro y deteriora el sistema educativo. Los maestros, interesados en compartir sus conocimientos, educan sin imposiciones, incentivan la creatividad, alientan la iniciativa no reducen su servicio a una remuneración, sino que más allá de lo económico se desvelan por sus estudiantes, imprimiendo el sello de su vocación de servicio con la pedagogía del amor y de la esperanza, inculcando en sus estudiantes, en los padres de familia y en sus compañeros, los valores, actuando con ética y preocupados por la moral. Los maestros por vocación profundizan en la filosofía de la vida, tienen capacidad de resiliencia, anclan su enseñanza en el testimonio, escuchan, orientan, señalan el camino del bien, forman en la libertad, afianzan a los estudiantes en la verdad, los alertan sobre los peligros que obstaculizan su desarrollo, promueven en ellos el uso de las nuevas tecnologías con responsabilidad, enseñan a valorar la vida y a hacer frente a las dificultades, estimulan para salir de estados de angustia y depresión, soñando con ilusión la vida. Los maestros por vocación se ejercitan en la prudencia y la paciencia, enseñan el perdón y la reconciliación como camino para una convivencia pacífica, instan a los estudiantes y padres de familia a formarse en la sencillez, la transparencia, la honestidad, la justicia y la paz; fomentan el respeto, cuidan que sus estudiantes se agredan y creen espacios de violencia, promoviendo la tolerancia, la aceptación de las diferencias; actúan con diligencia y sabiduría, sin intransigencias y con madurez humana, no hacen proselitismo, al contrario, forman y educan en los valores sociales, éticos, estéticos, religiosos, morales. En este sentido, considero que es ilógico que se haya suprimido la enseñanza religiosa de colegios y universidades y, si la Iglesia habla de Dios le tildan de ‘proselitista’ pero, si un educador enseña a sus estudiantes que Dios no existe, defendiendo su ateísmo práctico y enseñando que cada uno obra como le parece según una conciencia moral subjetiva, ese educador es defendido muchas veces por la autoridad y su acción proselitista pasa desapercibida, aunque cause daño moral y espiritual en los estudiantes. Hoy quiero felicitar a los buenos educadores, a los maestros por vocación que son ‘testigos’ e invito a quienes trasmiten conocimiento sin importarles el desarrollo integral de sus estudiantes a que revalúen su vocación de servicio y a quienes hacen proselitismo de doctrinas llamativas y extrañas, a que sean responsables, éticos y piensen en el bien común. ¡Feliz día maestros!
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