Los recientes siniestros viales que han dejado víctimas fatales en la ciudad y en el departamento nos obligan a hacer una pausa y revisar los datos con objetividad.
Los resultados de 2025 del Observatorio de Seguridad Vial de la Agencia Nacional de Seguridad Vial muestran que el Quindío pasó de 117 fallecidos en 2024 a 135 en 2025, un aumento de 18 pérdidas humanas, cercano al 15 %. Los lesionados crecieron de 473 a 580, más del 22 %. No son cifras aisladas, detrás están los hechos ocurridos en la Cordillera Central, en la Autopista del Café, en el corredor entre Armenia y Montenegro y en las vías urbanas de Armenia. Aunque la motocicleta concentra la mayor proporción de víctimas, las estadísticas también revelan que en 2025 murieron 8 personas que se movilizaban en vehículo particular y 10 pasajeros, además de 2 conductores de transporte de carga y sin tener en cuenta la cantidad de lesionados. Son siniestros asociados a choques, salidas de vía y colisiones en corredores donde la velocidad, comportamiento humano y las fallas mecánicas siguen siendo factores determinantes. A nivel nacional el panorama es similar, con más de 8.000 fallecidos en 2025 y una alta participación de usuarios vulnerables, lo que confirma que estamos ante un problema estructural que también involucra a quienes se movilizan en automóvil y transporte de carga, no solo a motociclistas.
Las causas siguen siendo dolorosamente conocidas. El exceso de velocidad, comportamiento humano y las fallas mecánicas aparecen como factores predominantes, sumados a maniobras peligrosas y adelantamientos indebidos, especialmente en corredores con pendientes prolongadas y mezcla de carga pesada y tráfico liviano. Hay un dato que preocupa, mientras los peatones lesionados disminuyeron levemente, los peatones fallecidos aumentaron, lo que sugiere impactos más severos, casi siempre asociados a velocidad. En este contexto, es acertada la decisión de la Agencia Nacional de Seguridad Vial de realizar una auditoría integral de seguridad vial en el corredor de La Línea, cinco años después de su entrada en operación. Evaluar con evidencia el comportamiento real del corredor y corregir lo necesario es un paso responsable que debería replicarse en otros tramos estratégicos.
Y ahora que por fin vemos que en los próximos días van a poner en operación unos sectores de dobles calzadas, en el primer tramo entre Armenia y La María, así como los 2,4 kilómetros desde Mercar hacia Montenegro, debe hacerse con todas las garantías técnicas y de seguridad para el usuario. No puede abrirse un solo kilómetro sin señalización completa, demarcación visible, iluminación adecuada y controles efectivos. Si combinamos infraestructura bien diseñada, control real de la velocidad y alcohol, revisiones técnico-mecánicas rigurosas y una cultura ciudadana más responsable, podremos reducir la siniestralidad y salvar vidas. El Quindío tiene la escala y la capacidad para hacerlo. La seguridad vial no puede seguir siendo una estadística que lamentamos cada año, debe convertirse en una prioridad sostenida y colectiva.
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