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Memo y Catherine nos cuentan

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 22 noviembre 2024

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En el departamento del Quindío la oralidad, como forma de comunicación y de invención de narrativas colectivas, ha sido el soporte esencial de la literatura y hasta de la misma historia local. Desde finales del siglo diecinueve aparecieron los escritores, y luego las escritoras, que empezaron a contar cómo los antepasados llegaron al territorio, desde … Continuar leyendo

En el departamento del Quindío la oralidad, como forma de comunicación y de invención de narrativas colectivas, ha sido el soporte esencial de la literatura y hasta de la misma historia local.

Desde finales del siglo diecinueve aparecieron los escritores, y luego las escritoras, que empezaron a contar cómo los antepasados llegaron al territorio, desde Antioquia o desde Cundinamarca, y cómo descuajaron montañas e hicieron de los bordes de los ríos su lugar para soñar.

Los grandes escritores, y escritoras, como doña Agripina Restrepo de Norris, aparecieron y nos fueron contando o cantando, diciendo a través de los cuentos, de las novelas, de las leyendas y también de los poemas. Casi siempre, por su parentesco con la oralidad, a partir de las formas poéticas que tienen una indivisible frontera con las manifestaciones verbales primarias.

Obras tan importantes como el Río corre hacia atrás, de Benjamín Baena, Bajo la luna negra, de Eduardo Arias Suárez, los cuentos de Fernando Arias, de Humberto Jaramillo Ángel, los poemas de Baudilio Montoya, de Luis Vidales, de Carmelina Soto, de Elías Mejía, de Esperanza Jaramillo, las novelas de Alister Ramírez, los cuentos y poemas de Umberto Senegal, en fin, fueron construyendo una tradición que hoy nos permite mirarnos en esos espejos, que recrean unos modos de vida.

Un fenómeno estético similar ocurrió con las artes plásticas, que fueron tan bien leídas e interpretadas por la crítica y curadora Martha González. Fuimos configurando un acervo cultural que hoy se puede consultar. 

Ha finalizado el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, con la conducción de Sergio Flórez y Sara Marianne Herrera, y sus resultados, con los nuevos formatos, son alentadores, toda vez que además de las tradicionales conversaciones y recitales, la realización de los fogones literarios, en comunidades periféricas, y del campamento literario en la reserva de Peñas Blancas, con el apoyo del querido Javier, determinan otros públicos, otras formas, que hacen de la literatura un bien social. 

En el cierre del ciclo pedagógico fue anunciado el nombre de Catherine Rendón como la escritora del año en el Quindío, en particular por su obra El Gesto desnudo, que es una investigación académica y de campo de más de cinco años de la obra del pintor Guillermo Vélez Mejía, también llamado Memo Vélez. 

En el libro, único en el Quindío en su género, Catherine transita por la obra del pintor, a la par que cuenta que vivió él en Armenia, Manizales, Nueva York, Lisboa, Ericeira y Filandia, desde donde también fungió, Memo, como escritor, poeta, cocinero y patafísico, como bien lo cuenta la autora en su introducción.

Los rostros de Memo Vélez hablan de nuestras heridas, de las múltiples personalidades que somos todos. El libro de Catherine es la celebración de la belleza y la fealdad significativas: ahonda en los principios estéticos del pintor, a través de una amalgama de imágenes y textos que nos llevan a lo profundo de la obra de un quindiano que ya se fue pero que nos dejó ojos y rostros que nos indagan con incertidumbre y crítica feroz.  
Lean, vean, El gesto desnudo.


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