Dos documentos produjeron una de las sesiones más vergonzosas de la historia reciente de la asamblea de diputados del Quindío el viernes pasado. Transcurriendo el primer debate del proyecto de ordenanza para modificar el escudo del Quindío, los diputados públicamente confesaban que a ese proyecto le faltaban argumentos, tenía inadecuados procedimientos y metodologías sin respaldo de la comunidad, sin socialización, y cada vez que los diputados abrían la boca, ratificaban que ese proyecto no debía ser debatido y menos aprobado. (Ver y escuchar la grabación). Y aunque los diputados reconocían esos defectos, abusivamente querían aprobarlo. Pero frenó ese atropello un primer documento publicado el jueves y llevado al debate por la muy respetada Academia de Historia del Quindío, con toda la seriedad que se esperaba, dispuesta a defender la dignidad y los símbolos que representan a los nacidos aquí. El diputado Cárdenas, presidente de la Asamblea, visitó días antes a los historiadores para decirles que si querían pronunciarse sobre el escudo lo hicieran después que los diputados aprobaran el proyecto en primer debate, que seguidamente sacaran su comunicado y que los diputados negarían el proyecto en segundo debate. Los historiadores “no comieron de ese calentao” y con documento cargado de conocimientos, enseñaron la inutilidad, la inconveniencia y los defectos del alocado proyecto del gobernador.
Seguidamente, José Manuel Ríos leyó y radicó un documento. Sin irse por las ramas y muy enojado por los repetidos ataques del gobernador contra Armenia, ciudad de la que es alcalde, recordó que Armenia representa más del 60 % del Quindío en todos los aspectos y que muchos dirigentes políticos solamente la miran para servirse de sus votos para elegirse.
Un diputado calificó de oportunismo político las palabras del alcalde y con toda razón. El alcalde la falta coherencia del gobernador cuando invoca conservación ambiental para cambiar el escudo, pero niega los recursos económicos para limpiar las cañadas y mejorar el medio ambiente de los “cuyabros” y tampoco puede hablar de integración cuando a los alcaldes los pone contra Armenia pidiéndoles que propongan quitar el hacha del escudo quindiano porque esa hacha está en el escudo de Armenia. Exigió respeto para los habitantes de Armenia quienes también son del Quindío. Pocas veces un alcalde se “amarra los machos” para defender su ciudad y esta ocasión fue oportuna e históricamente aprovechada.
Para calmar la rabia del alcalde, los diputados pidieron la unidad quindiana, pero no la buscaron antes del proyecto, antes de la carta de los historiadores y antes del disgusto del alcalde. Cómo creerles.
Punto seguido: Llamó la atención el diputado Castrillón. Siendo ponente del proyecto, no quiso visitar a Ríos Morales, alcalde del único municipio excluido de este proyecto, para contarle que pediría a los diputados el voto favorable para eliminar el hacha del escudo del Quindío. Castrillón ignora que el escudo de Armenia lleva un hacha, la misma que él pide quitar del escudo del Quindío. Después de esas comunes descortesías, Castrillón pedirá votos para ser alcalde de Armenia, ciudad que en la asamblea hoy no defiende.
Dos puntos: El delegado del gobernador retiró el proyecto, exponiendo los mismos errores y defectos que en la Asamblea señalaron la Academia de Historia del Quindío, el alcalde de Armenia y diputados. Ese proyecto del gobernador resultó todo un “falso positivo”. Penoso. Y así querían aprobarlo atropelladamente, a la loca; más penoso todavía.
Punto y aparte: El estado de salud de Jesús Antonio Niño Díaz, exgobernador del Quindío, es bastante crítico. Enviamos un abrazo solidario a su familia.
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