En artículo pasado, dijimos que Estados Unidos (EEUU) necesita urgentemente poner a los chinos lejos de los límites americanos, y quitárselos de sus espaldas.
Los chinos llegaron a América en masa. Hoy controlan gran parte de la administración del Canal de Panamá, en Aruba parquean sus barcos y expanden su gran comercio, y a Venezuela le han prestado 60.000 millones de dólares. El comercio de China se nota en licitaciones y máquinas de gran envergadura en obras civiles en América, en vehículos familiares y de carga. La gran oferta de créditos comerciales y dinero de China a los países latinoamericanos, preocupa a EEUU que no quiere perder su influencia regional. Cuando Chávez se posesionó en Venezuela (febrero 1999), invitó a Rusia, China, Corea, Rusia e Irán, a instalar sedes diplomáticas y hacer negocios, y antes de morir delegó en Maduro su continuidad. Los multimillonarios recursos en petróleo se los gastaron socorriendo a países quebrados como Bolivia, Cuba, fiando petróleo a Rusia y a Irán, y también repartiendo dinero (15.000 millones) a los vecinos (Colombia y Ecuador) para ganar elecciones presidenciales, y de esa manera construyeron la dictadura chavista, socialista y comunista, por la que no votó el pueblo venezolano; los venezolanos votaron para tener un mejor país y un mejor gobierno, y los maduristas se robaron esas elecciones. Al robarse las elecciones, se niega la libre autodeterminación al pueblo venezolano. El mundo vio huyendo ocho millones de venezolanos, buscando mejores condiciones económicas para sus familias, imagínense, huyendo de su propio país. Y luego, los países socialistas y comunistas pronunciaron la frase “que se debe respetar la libre autodeterminación de los pueblos, ejercida en unas elecciones libres”. Paja, puras mentiras. La mayoría de venezolanos no votó por la concentración absoluta del poder en una sola persona; tampoco votaron la supresión de la libertad cerrando medios de expresión y comunicación, nunca votaron por la represión y la censura mediante violencia y encarcelamientos, les violaron los derechos humanos, la separación de poderes fue cooptada (eligieron de ellos mismos), y a través del gobierno totalitario y manipulador, se impuso el miedo y la zozobra. Por eso EEUU se metió allí, a rescatarle a los venezolanos la libre determinación, la voluntad de acabar con unos verdugos ubicados en la presidencia. Los izquierdistas pregonan que “hay que respetar la libre autodeterminación de los pueblos”. Mienten. Los venezolanos nunca votaron para que les hicieran daño, fueran sometidos y encarcelados, y los hicieran huir de su país.
Punto seguido: En Colombia estamos muy cerquita de “esa libre autodeterminación”, guerra electoral que comienza el 8 de marzo, y que se debe ganar primeramente eligiendo congresistas que cuiden el sistema democrático que aún nos queda, y de paso desenmascarar a los candidatos congresistas que, escondidos en partidos tradicionales, buscan provechos particulares en nombre de una falsa aspiración regional. Y luego el 31 de mayo, a recuperar la democracia.
Punto y aparte: EEUU puede autorizar o negar el ingreso de cualquier presidente del mundo a su territorio, pero eso no borra a Petro de la lista Clinton, salvo que EEUU quiera hacerlo. La llamada de Trump al presidente colombiano Petro, le sirve al país político. Reunidos, Trump seguramente hablará del aumento de cultivos de coca, de lo permisivo Petro con las Farc, el ELN, y los narcotraficantes, temas por los que no votamos los colombianos y que afectan a EEUU. Y Petro hablará de la intervención de EEUU en Venezuela. Y eso importa en Colombia, porque no habrá plata para las elecciones presidenciales.
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