Para evitar la disolución de la Gran Colombia (Colombia, Venezuela y Ecuador) y no provocar la violencia política, Simón Bolívar convocó a Bogotá al Congreso y a los hombres más laureados de la Gran Colombia en diciembre del mismo año, y allí presentaría su renuncia como presidente.
Reunidos 120 días seguidos desde el 20 de enero de 1830, les pidió “hacer un Congreso Admirable”, salvar la unidad y no desintegrar la Gran Colombia. Antes de proclamarse el nuevo gobierno bajo la nueva Constitución, el Congreso aprobó la renuncia de Bolívar, el 4 de mayo. 7 meses y medio después, Bolívar fallece en Santa Marta y también muere la Gran Colombia, ese gran Estado que el libertador creía que tenía las condiciones para hacerle contrapeso al amenazante expansionismo de Estados Unidos, cuyas élites esclavistas y cultores del excepcionalismo de la época, trazaban los designios territoriales.
El próximo ocho de marzo, Colombia elegirá un nuevo Congreso de la República integrado por Senado y Cámara de Representantes, siendo los representantes los que llevan la vocería de los departamentos y municipios ante el gobierno nacional y ante los senadores, senadores a quienes se les pide que ayuden a conseguir los recursos para mitigar las necesidades locales. Así funciona eso. Pero hemos pasado del año 1830 a 2026, y los tiempos, los congresistas y las necesidades son distintas.
196 años después seguimos abocando por salvar la patria. “Nos unimos o nos hundimos” se aplica hoy a todos los partidos de derecha o centro o izquierda. Los congresistas de la Gran Colombia de 1830 eran reconocidos por la alta calidad personal y pulcritud de sus actos. Hoy según informan los jueces y fiscales, hay gran cantidad de personas que formaron su gran capital económico siendo congresistas, recibiendo el pago de sus votos favorables al gobierno, pasando de ser negociantes en provecho propio, a “Honorables congresistas”.
Y si hablamos de necesidades, en 1830 estaban comprometidos a crear una gran nación y una gran patria; hoy en 2026 les da lo mismo si el país crece y si las necesidades no se superan, mientras ellos puedan aliviar sus propias expectativas dinerarias.
Ya vimos que nada tienen que ver los candidatos presidenciales y los partidos, porque hay congresistas elegidos por un partido, que se venden a quien mejor pague, y en este caso comprados por ministros de gobierno distintos de los partidos por el cual fueron elegidos. Por eso, hoy los importantes somos los electores. “Al Congreso tenemos que llevar parte de la sabiduría nacional, que son la esperanza legítima de los pueblos y que sea el último punto de reunión de los patriotas”, decía Simón Bolívar.
Necesitamos nuevamente “un Congreso admirable”. Si salvamos a la patria o la enterramos, depende de cómo elijamos el próximo Congreso.
Punto y aparte: El fallo del Consejo de Estado sobre la CRQ no produjo ninguna fuerza legal contra la persona de Juan Esteban Cortés Orozco, pero sí anula el procedimiento que lo encargó. Para darle cumplimiento al fallo del Consejo de Estado y evitar más problemas, Cortés Orozco en su condición de subdirector administrativo de la CRQ, ha dicho: “De ese problema, me encargo yo”. Y así fue. “Quedó encargado”.
- Temas relacionados :
