Llama profundamente mi atención lo normalizados que están los anglicismos hoy en día. Hago memoria y no consigo recordar que, anteriormente, las personas tomaran un break, comieran en un rooftop, fueran al gym o se citaran a un brunch.
La globalización, la tecnología y la «cultura» parecen imponer estos términos; no obstante, me niego a hacerlos parte de mi léxico. Yo tomo descansos, almuerzo en terrazas, voy al gimnasio y comparto las onces o media mañana o un piscolabis con mis amigos.
Nuestro lenguaje es tan hermoso que no encuentro necesidad de sustituirlo. Aunque entiendo que no causa el mismo efecto en la mente de un consumidor comprar zapatos para correr que comprar zapatos para running, ni tener un smartphone es lo mismo que tener un celular. Se supone que estas palabras nos hacen más universales, más modernos, más actuales. Considero que lo que nos hacen es menos nosotros, menos propios. Ya no hablamos como nos enseñaron ni comemos lo que nos heredaron. Los anglicismos nos alejan de nuestra raíz y nos integran a un círculo mundano que se supone importante por hablar distinto. No hay más orgullo en trabajar en marketing que en mercadeo, ni más heroísmo en ser un coach que un instructor.
Es un tema que no parece grave, pero en mi concepto lo es. Me molesta sobremanera que se dejen a un lado nuestras expresiones, nuestros gustos y nuestra esencia por alabar a otros. Eso nos pone en una situación de inferioridad y nos resta personalidad. Parecemos niños buscando aprobación, cuando nuestro lugar en el mundo se nos fue dado desde que nacimos en esta tierra.
Debemos aprender a estar orgullosos de nosotros. ¿Son más importantes los Jonas Brothers que el Grupo Bandola? ¿Suena mejor Mariah Carey que Pastor López? Hay que escuchar menos Eminem y más Alcolirycoz, menos música country y más Herencia de Timbiquí, dejar tanto waffle y comer calentao. No pensar en cómo nos ve el mundo, sino pensarnos nosotros mismos. Finalmente, aquí no se habla inglés: se habla paisa, caleño, santandereano y costeño. Ante una sociedad que nos quiere hacer cool, la decisión más valiente es elegir ser una chimba.
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