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Nos destruyen, Sancho

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 11 febrero 2022

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La Unesco publicó esta semana un estudio, Re/pensar las políticas para la creatividad, de 332 páginas, concluyente en el ámbito internacional: los ingresos de las industrias culturales disminuyeron entre el 20 y 40% en el período anterior y la inversión pública en el sector ha decrecido, con celeridad, en los pasados diez años. No es … Continuar leyendo

La Unesco publicó esta semana un estudio, Re/pensar las políticas para la creatividad, de 332 páginas, concluyente en el ámbito internacional: los ingresos de las industrias culturales disminuyeron entre el 20 y 40% en el período anterior y la inversión pública en el sector ha decrecido, con celeridad, en los pasados diez años. No es solo la excusa, ya torpe y manida, de la pandemia. El informe, publicado por esa autoridad, dice que la situación de los artistas y gestores pasó de precaria a insostenible.  Ese estudio no incluye al Quindío donde la vida de los artistas es menos que eso: es indigna.

Recapitulo: hace 15 años los gobernadores llegaban, casi todos, a cumplir un compromiso social y político con la Dirección de Cultura: nombraban a cualquier señorito o señora encopetada de la sociedad, que cumpliera el requisito de vestir bien, oler mejor y hacer parte de alguna familia seudoaristócrata de Armenia. Alguna vez nombraron allí a una señora por su capacidad de dar abrazos y picos, y de relacionarse bien en el Club América y en el Bolo Club.

Cuando llegó Gladis Sierra Parra, de la mano de Julio César López Espinosa, se empezó a construir política pública y se pasó de Dirección a Secretaría. En ese gobierno se pusieron las bases de una Secretaría que había que desligarla, como debía ser, de Turismo, en términos de procesos y presupuestos y, obvio, de concepción de la cultura como un universo creativo y estético, que va  más allá de las expresiones artísticas.

Otros gobiernos avanzaron, y el penúltimo, respetuoso de los artistas, nombró a un gestor del campo y aunque su función se vio empañada por las marrullerías y favoritismos del nominado, en general, el presupuesto aumentó de manera sustancial. 

Ahora, en el gobierno de Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas, vivimos un proceso de destrucción paulatina que, de seguro, acabará con lo poco que habíamos avanzado. El presupuesto de inversión ha disminuido más de un 40 %, y varias iniciativas, ya tradicionales, se han perdido en la incompetencia de los directores, secretarios y decenas de abogados, de cualquier especialidad, que han pasado por esa oficina. El gobernador, sin vergüenza, ha nombrado personas de los grupos electoreros, con el objeto de asegurar apoyos para su emprendimiento unifamiliar, de carácter político.

¿Y mientras tanto qué dicen los integrantes del Consejo Departamental de Cultura? Nada: rubrican con su presencia la destrucción de la secretaría de Cultura. ¿No les da pena tanta indignidad señores y señoras consejeras, a quién o a quiénes representan ustedes?

Alguna vez le creí al gobernador cuando dijo que en su cuatrienio se construiría la biblioteca departamental, en terrenos, según su mitomanía, del Parque De la Vida. Lo que no sabía, imbécil que soy, es que su ambición politiquera nos iba a arrastrar hacia la devastación de lo poco que tenemos.

Nos destruyen, Sancho. Y lo grave de esta debacle, lo peor, es el silencio de los artistas y gestores de la cultura. ¿Qué nos pasa?


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