Esta frase que en los últimos años era un grito de guerra contra el establecimiento, o de campaña política, arguye a la muerte injustificada de personas.
En épocas pasadas se atribuía a la muerte injusta de algunos colombianos pertenecientes a un sector, y la mayoría de colombianos condenó y condena las ejecuciones de los grupos organizados que llaman ahora. Pero lo que hoy sucede requiere de una reflexión de lo que nos está pasando en el presente con la vida de los colombianos.
Los informativos de semana afirman que “con tres homicidios cada dos horas el 2025 se perfila como el año mas violento de la ultima década”. Y afirma que, con 12.484 homicidios en 2025, en corte a noviembre, supera en 2 por ciento a los ocurridos en 2024 y 12.34 por ciento a los ocurridos en 2015. Y como causas narran “…retaliación en la guerra por el microtráfico en las ciudades, el sicariato, hechos de intolerancia”. Es un hecho fácil de comprobar el aumento de las riñas callejeras, la justicia por mano propia, el homicidio por hurtar un celular, además de lo generado por el consumo de sustancias psicotrópicas.
Nos están matando, así lo dice mi amigo Sebastián, pero a estos datos que reflejan el grado de inseguridad de los colombianos, deben sumarse al aumento de delitos como el secuestro y la extorsión. Pareciera que ya no se respeta el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad. Pareciese que la vida se desempeña y respeta con la ley del más fuerte.
Para quienes tuvimos que vivir tiempos de violencia en los campos y ciudades hace mas de treinta años, por diversas causas, muy similares a las actuales, solo nos queda decir que, si no se pone freno a esta campante falta de seguridad, el país se volverá inviable. Pero también tenemos la experiencia que esa violencia se puede combatir desde lo militar y lo educativo. Mejor expresión, en lo social. Salimos una vez de estas condiciones negativas para la vida y futuro de los nuestros, nuestros hijos hoy y ayer no recuerdan ese pasado que nos habla, y es por que vivieron en relativa calma.
Volver por la enseñanza del respeto a la vida, a la propiedad ajena, a la dignidad del ser humano, a la libertad es un imperativo. Que la institucionalidad nos asegure la tranquilidad pública rota por bombas y atentados en pueblos y ciudades. Que la seguridad publica sea una verdad y podamos salir a las calles con alegría a disfrutar del día y el trabajo. Que como ayer, cuando salían los nuestros en el frente de la casa se bendecían para que nada ocurriera y se daba gracias a dios cuando volvían en la tarde, no se repitan esos días.
Hoy cuando los hurtos violentos, los atracos a cafeterías, o disparos en público se sienten en la patria, se hace necesario volver por los caminos de la tolerancia para zanjar diferencias, y la acción mancomunada de información sobre hechos punibles, unido a la educación para la convivencia desde las aulas, y la acción preventiva y represiva de las autoridades para preservar la vida de todos.
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