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Nuestro yipao

Óscar Piedrahíta

lunes, 22 junio 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La semana pasada, el Congreso de la República aprobó la ley que declara al yipao como patrimonio cultural de la nación. 

Esta gestión, que fue iniciativa del representante a la Cámara por el Quindío, Diego Javier Osorio Jiménez, y contó con el apoyo invaluable de los congresistas de nuestro departamento: Aydeé Lizarazo Cubillos, Luciano Grisales y Atilano Giraldo Arboleda, abre nuevos caminos para el turismo, en un momento coyuntural de la historia, donde la situación de crisis nos desafía a inventar nuevas maneras de construir desarrollo. 

El turismo en particular requiere rediseñar sus productos, logrando altos niveles de bioseguridad y confianza, alineados con elevados estándares de calidad y servicio.

Esta declaratoria tiene un sentido profundo, que va mucho más allá de algo simbólico, porque implica que contemos con un nuevo atractivo que seguramente movilizará a muchos visitantes nacionales e internacionales en el futuro.

Es importante aclarar que este logro legislativo, trasciende a otras esferas, que incluyen posibilidades para salvaguardar nuestras tradiciones ancestrales, generar garantías legales a los yiperos, fortalecer la declaratoria de Paisaje Cultural Cafetero —nuestro mayor patrimonio como región— y seguir avanzando en la consolidación de una cultura cada vez más autóctona y auténtica, pues el yipao es mucho más que un medio de transporte, tiene que ver con un soporte logístico de la economía cafetera y agrícola, con una posibilidad de llegar a los lugares más recónditos de nuestras montañas y también, con una manera de ser vinculada con el carácter aguerrido, emprendedor, pujante y alegre que caracteriza nuestra identidad como pueblo.

Además, el yipao refleja la convicción por el logro de todo, incluso lo irrazonable. Suele decirse: “Al que le quepa el dedo gordo en el carro, ya está arriba”, para referirse a esa condición asombrosa de albergar: personas, bultos, trasteos, canastos, frutos de la tierra, animales, maletas, plantas, provisiones… sin que ninguna cantidad de gente o de cosas pueda colmar al máximo la capacidad de uno de esos pequeños guerreros invencibles de colores brillantes —rojo, verde, amarillo—, que no acaban sino chofer, que podrían treparse hasta por una pared y abrirse camino en cualquier contexto climático, por recio que sea.

Esta nueva ley es un regalo para nuestra tierra, para esos hombres que han dedicado su vida a transportar: familias, estudiantes, trasteos, productos agrícolas y amigos… Para todos los que hemos tenido el privilegio de ir en la parte trasera de estos vehículos mágicos, llenándonos las pupilas de paisaje. Para los que hemos viajado, abriendo los brazos para conectar con la inmensidad y percibiendo la brisa tibia de una mañana de domingo, ataviada con el aroma de los pinos y los eucaliptos, enriquecida por los aromas dulzones de nuestra flora y sintiendo como sinfonía de fondo, los trinos de aves magníficas, que hacen coro con un motor rugiente, incansable y fuerte, como esta raza, para la cual la cultura yipera ha sido y seguirá siendo, fundamental.

 


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