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Panaca… grande

Óscar Piedrahíta

lunes, 12 octubre 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

El turismo se ha ido reactivando, en un marco de responsabilidad corporativa, cuidado del otro, asepsia, disciplina social y compromiso. Tuvo muchos visitantes el Quindío durante la semana de receso y el puente festivo, es destino predilecto por la hermosura de sus paisajes, la diversidad de sus atractivos y la cantidad de espacios que nos … Continuar leyendo

El turismo se ha ido reactivando, en un marco de responsabilidad corporativa, cuidado del otro, asepsia, disciplina social y compromiso. Tuvo muchos visitantes el Quindío durante la semana de receso y el puente festivo, es destino predilecto por la hermosura de sus paisajes, la diversidad de sus atractivos y la cantidad de espacios que nos han ido consolidando como los primeros en turismo rural, de experiencia y aventura en el país y por qué no decirlo, del continente.

Abrieron sus puertas los parques temáticos, con tres condiciones: la primera, rigor y seriedad en los protocolos de bioseguridad, tanto en el ingreso como en la permanencia. Muchas medidas, que generan confianza y tranquilidad en los visitantes. La segunda, un entusiasmo desbordante de los colaboradores, que aman lo que hacen y generan una calidez extraordinaria en las diversas experiencias y la tercera, un gran sentido del orden en los procesos.

Sí se puede. Es viable mantener la dinámica turística, económica y social; adaptándonos a las nuevas costumbres que debemos desarrollar y manteniéndonos alerta. Se puede disfrutar de estos escenarios, generar esparcimiento e integración familiar, abandonar el miedo y cuidar la vida y la salud, mientras las pupilas se recrean y el espíritu toma nuevas fuerzas para continuar.

Como le gusta pensarlo a Sonia Betancourt Muñoz, esa gran gestora de nuestro turismo, esta, más que una actividad económica, es una necesidad espiritual y vaya que el alma de muchos clama por un poco de aire fresco, verde de muchos colores —como lo es el nuestro—, olor a campo, visión de cordillera y trinos de pájaros… Todo lo maravilloso que aquí tenemos en cantidades exorbitantes.

Abrió sus puertas Panaca y regresaron: la mirada sobre los guaduales, los espectáculos artísticos donde los animales son protagonistas, el contacto en intimidad con el campo y la interacción única con especies asombrosas. Volvieron la música y el patriotismo, el amor por Colombia, las estaciones con criaturas fabulosas y los grandes maestros entrenadores, que logran resultados increíbles con seres vivientes que se vuelven artistas, solo con amor y constancia.

Grande nuestro parque nacional, no solamente por su enorme terreno, que se convierte en un privilegio para la contemplación del paisaje y la actividad física a cielo abierto  —recorrerlo y observarlo, es una aventura inolvidable—, sino también por tres elementos que lo hacen único: primero, el sentido social, expresado en la solidaridad que tuvieron durante el tiempo de aislamiento con sus colaboradores, creando empresa para ellos, manteniendo la estabilidad de sus familias y siendo gestores de oportunidad. Segundo, la originalidad. Ocurrencias únicas, que nos conectan con la tradición y la identidad, con el orgullo de ser quienes somos y provenir de donde lo hacemos. Tercero, la convicción por el amor al campo. Fundapanaca iniciará el 15 de octubre un diplomado en turismo rural sostenible, para formar a 1.000 personas de todo el país y seguir esparciendo esa semilla de convicción en torno a una idea: ‘Sin campo, no hay ciudad’.

Grande Panaca… Gracias Jorge Ballen Franco por su visión, pasión y persistencia. 


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