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Peñas blancas, Locomboo y Nacuco (2)

Umberto Senegal

sábado, 17 enero 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Refiriéndose a la realidad de Nacuco, más allá de leyendas e historias, Manuel Lucena, profesor y escritor español conocido por sus libros sobre antropología especializados en Latinoamérica.

De los mayores estudiosos y conocedores de la cultura Pijao, examinando en grado máximo documentos de cronistas de Indias y científicos colombianos o foráneos que se ocuparon de los pueblos Pijao,  considera que  tal deidad, creadora del mundo material y representación céntrica de mitos y leyendas del pueblo Pijao, antagonista de Locomboo, “existió en la realidad y fue un indio de grandes poderes sobrenaturales, ya que predecía el futuro y hacía milagros”. El cacique Calarcá, cuya esposa se llamaba Narka y su única hija, Guaicamarintia mohana conocedora del lenguaje de las aves, fue la encargada de sepultar a su padre en las cuevas de Peñas blancas, según se relata en los manuscritos leyendas recogidas por el fraile los manuscritos de Fray Alonso de San Vítores, O.F.M. estudiante de Pedro Simón quien incorporó los puntos de vista antropológicos, lingüísticos, religiosos y sociales del medio que describió. San Vítores, reunió las leyendas que tienen como protagonista a Guaicamarintia, hija chamana de Calarcá, quien hizo parte de la cadena iniciática entroncada con Nacuco y Locomboo. Su esposa se llamaba Narka, también iniciada en ritos ancestrales precolombinos.  En su deslumbrante libro Recuerdos de la guaquería en el Quindío (1924) Luis Arango Cardona, combinando con poético y narrativo lenguaje donde historia y leyenda, mitos y esoterismo teosófico blavatskyano se entrelazan en una prosa descriptiva como no se ha escrito en el Quindío, dice de Calarcá que “parece que en él hubiera nacido su estirpe y en él se hubiera terminado. Lo que se sabe de la dinastía de este desdichado monarca, es que era bien nacido. Había sido educado conforme a los últimos adelantos de las ciencias de los quindos, su patria; a él nada se le ocultaba; las ciencias estaban en él. Había nacido para ser grande, no cometió injusticias contra sus semejantes, respetaba las leyes de su pueblo”. Borja, empleando el método de la tala, fue el despiadado destructor de sementeras Pijao. En Peñas blancas, respuesta contemporánea a tal agresión, Javier y Estela han sembrado cerca de 30.000 árboles. Hoy por hoy, continúan en su empeño con mayor razón cuando por sitios aledaños a este histórico, sacro lugar, territorio místico de Locomboo, Nacuco, Lulomoy, Ibanasca y Guimbales,  los extensos cultivos de aguacate Hass atacan con más violencia que los depredadores ejércitos de Juan de Borja y Armendia, en contraste desolador donde el oromirante, que  no busca conquistar la cima con los pies, sino ser conquistado por ella a través de los ojos, podrá verificar  los melodiosos cantos de aves a lo largo de toda Peña Blancas, mientras en sus costados el silencio  de la extinguida avifauna  entristece entre esos millares de aguacates.


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