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Por el Amazonas a Iquitos I

John Elvis Vera Suárez

miércoles, 24 diciembre 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Como el avión partía a primera hora, madrugamos para asistir con anticipación a tiempo del embarque en el Aeropuerto Internacional El Edén.

Debemos reconocer que nos sorprendió favorablemente el cumplimiento de la empresa que nos trasladaría a Bogotá. Cruzando la cordillera Central, el piloto invitó a los pasajeros a observar tanto los nevados cercanos por el costado izquierdo como el majestuoso Nevado del Huila a quienes nos encontrábamos en las ventanillas opuestas. El disfrutar la vista de este nevado me llevó a recordar con mucha satisfacción cuando desde el colegio salesiano San Medardo de Neiva, observaba en ocasiones a lo lejos y con mucho encanto el Nevado que lleva el nombre de dicho departamento.

Después de unas cortas horas en Bogotá, partimos hacía Leticia, fundada el 25 de abril de 1867, con el nombre de San Antonio, como puerto fluvial peruano, y hoy una de las ciudades inmersas en la Amazonia colombiana, ubicada en la triple frontera, única capital departamental situada en el hemisferio sur, con al menos 55.000 habitantes, después de 158 años de su fundación oficial, territorio que ya era habitado desde tiempo anteriores por las naciones tikunas, yaguas y kokamas.

 

Desde pequeño, siempre que he viajado sobre la selva del Caquetá y Putumayo, lo cual he tenido la oportunidad en muchas ocasiones, no he dejado de fascinarme por el paisaje selvático observado desde los aires, que hoy, hay que reconocerlo, está cada día más disminuida esencialmente por la expansión ganadera. Ese mismo encanto siento cuando sobrevolamos el bajo Caquetá y el Amazonas.

 

Y el volver a la turística Leticia es reiterar mi deleite con los miles de loros que llegan a la ciudad después de las 4:30 p. m. y en especial al parque nombrado por la población citadina como el “parque de los loros”.

 

Sin dejar de mencionar que me siguen encantando los helados con ingredientes amazónicos. El desayunar en los restaurantes al interior de su plaza de mercado, atendidos por queridas y generosas mujeres nativas con sus exquisitas sazones, es una total delicia, además que es imperdible el recorrido por dicho mercado como por su exterior adyacente al muelle popular, donde por igual existen comedores al aire libre, para apreciar o adquirir productos representativos de su diversidad agrobiológica (agrobiodiversidad). Obviamente que es imposible dejar de admirar sus variadas artesanías, tanto nativas como de los pueblos brasileros y peruanos. Sobre mis otras visitas a Leticia están expresadas en mis columnas tituladas “En leticia y Puerto Nariño I”, “En Leticia y Puerto Nariño II” y “En el Amazonas”, publicadas en La Crónica del Quindío, los días 15, 22 y 29 de marzo de 2023.

 

Llegando a esta capital amazónica, y si piensa salir del país, es necesario sellar el pasaporte en el aeropuerto internacional “Alfredo Vásquez Cobo”. Nosotros adquirimos nuestros tiquetes en Tabatinga (Brasil) para al otro día partir de Santa Rosa (Perú) rumbo por el Amazonas a Iquitos, en un trayecto que duró 21 horas.

 


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