Con sus espacios históricos como la Catedral, la Casa de Fierro, la Biblioteca Amazónica, la Plaza de Armas.
Con su esparcido mercado de Belén y su espectacular malecón, su interesante Centro de Rescate Amazónico (CREA), iniciativa del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y el Dallas World Aquarium Zoo (DWA) y el inmenso, famoso, moderno y alto Puente Nanay de al menos dos (2) kilómetros de extensión, Iquitos es una urbe amazónica, más visitada por turistas extranjeros, por sus atractivos entornos selváticos que por la propia urbe. Siendo esta a su vez, la ciudad más grande del mundo sin tener conexión terrestre directa con océano o mar alguno.
Para no olvidar además las exquisitas bebidas y helados de Aguaje (Canangucha, Moriche), Camu camu, Asaí y la famosa chicha morada, elaborada a partir del maíz negro o morado oscuro (Zea mays). Resaltando siempre que por humilde que sean algunas de sus recetas culinarias callejeras, no dejan de ser el deleite de nuestros paladares, eso sí, siempre acompañados de su respectivo ají. Muy común el llamado “charapita”, nombre derivado de una tortuga amazónica.
Viajar por el inmenso Amazonas, en una embarcación para 130 pasajeros, con refrigerio incluido de un sencillo sándwich y una rica avena casera, y que en su interior se parece a un autobús intermunicipal, es todo un placer, viendo como su población diversa lo aborda y desembarcan poblados más allá, dándonos la posibilidad de conocer y entender un poco a la población de la amazonía. La secta religiosa autodenominada “Iglesia Israelita del Nuevo Pacto” con presencia en Colombia y Perú, se hace notar en la amazonía peruana. Y como siempre no dejamos de encontrarnos a un colombiano, era un caleño, que se dedica a construir botes de aluminio.
El regreso fue por igual muy placentero. Una vez más, el trato muy cordial y servicial. Llegamos de nuevo a Leticia en busca de un desayuno en la galería o plaza de mercado. Todos los días anteriores habíamos disfrutado el Pirarucú, el día de despedida fue Sábalo Asado y un consomé de Gambitana. Hicimos amistad en Leticia, disfrutando del canto de los loros, con una bella brasilera que enseña portugués en universidades Bogotanas, ella iba de viaje por el río Amazonas hacia Manaos, la gran ciudad brasilera. Ciudad que ya conocemos pero que nos encantaría llegar a ella por el río. La vez anterior llegamos por vía terrestre desde la República Bolivariana de Venezuela.
Hoy en día los viajes aéreos se realizan en aparatos repletos de pasajeros. Váyase al lugar que quiera y siempre están a full. Tanto así que en los aeropuertos ya es común que te ofrezcan recompensas económicas de la misma empresa por ceder tu puesto, garantizándote un cupo para el día siguiente.
Llamativo homenaje realizado a “Kapax”, personaje Leguízameño (Putumayo), radicado en Leticia, en un tremendo monumento en el aeropuerto, y recordado por haber nadado el Río Grande de la Magdalena desde Neiva hasta Barranquilla (1.976).
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