Un análisis de la situación del hermano país venezolano requiere examinar el ascenso al poder del coronel Hugo Chávez y los hechos posteriores del llamado movimiento popular.
En efecto, recuerdo que en 1976 el año de la nacionalización del petróleo por el presidente Carlos Andrés Pérez, se respiraba en la patria de Bolívar un aire de felicidad y opulencia, como pude constatarlo personalmente en un recorrido personal por buena parte de ese país en esa época. Con la dictadura de Chávez otros aspectos comenzaron a reinar y con mucha argucia, el anhelado movimiento de reivindicación popular se fue convirtiendo en una estafa, y sacó el dictador las garras de corrupto y fantoche devolviendo la nación a épocas olvidadas de terror y sangre. Ahí está el meollo, porque antes de su fallecimiento, Chávez había señalado previamente como heredero al señor Nicolás Maduro, quien durante más de 20 años impuso un gobierno antidemocrático, violento y pícaro, apresando y torturando a los miembros de la oposición y robándose a manos llenas, por sí mismo o por sus subalternos, los dineros del Estado y del petróleo. Inclusive en los años recientes, autorizó la realización de elecciones libres que ganó limpiamente el señor Edmundo González Urrutia, respetable diplomático y profesor, quien triunfó, como quedó demostrado y que, con cinismo digno de mejor causa, Maduro desconoció con argumentos pobres y refutables. Sin olvidar la violenta persecución a líderes valiosos como Leopoldo López y María Corina Machado.
Cuando algunos despistados analistas hablan de soberanía, deben, por lo menos, examinar estos años de horror y miedo que impuso el dictador Chávez y sus amigos posteriormente, convirtiendo a la nación vecina en una tierra empobrecida, miserable, de la cual han emigrado millones en una triste diáspora de dolor y lágrimas, por los caminos de América Latina, Estados Unidos y Europa.
Salvo mejor opinión, estoy convencido que los resultados de las anteriores elecciones están vigentes y que la actual situación extraordinaria que culminó con la captura de Maduro, pueda resolverse pronto, pero que sea el propio pueblo venezolano, en su sabiduría democrática, con el regreso del presidente electo y de otros dirigentes como María Corina. Por lo pronto la decisión de ir liberando los presos políticos es recibida con alborozo por el pueblo.
Comparto una nota del académico y amigo César Castaño, que, al analizar las doctrinas de cooperación hemisférica, considera que los propios países deben asumir su propia conducción, podría ser la realidad futura de una nación que apenas despierta de la larga pesadilla dictatorial que impuso un régimen de miedo aliado con Cuba, Irán, Rusia y China, alianzas que muchos callaron, inexplicablemente.
Por lo pronto confieso que no es un tema menor de geopolítica, no solo por el saldo de cerca de 100 muertos y numerosos heridos, y porque a ciencia cierta, es muy temprano para vaticinar las líneas del futuro de la nación vecina. La realidad actual exige suma paciencia.
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Francisco Castro Amórtegui.
La partida del ilustre profesor de la Universidad del Quindío enluta el Alma Mater, a profesores y estudiantes por igual. Egresado de Pedagogía, se distinguió por su apasionado amor por la Universidad, igual que su hermano Raúl, biólogo, desaparecido hace algunos años. Francisco dedicó su vida entera a la docencia, cosido a los mejores intereses de su amada UQ y fue un ciudadano probo, humanista y buen lector. A su señora esposa y demás familiares expreso mi sentimiento de honda congoja. Paz en su tumba. RIP.
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