Los sucesivos alcaldes y alcaldesas de Armenia no han entendido lo requerido por la ciudad. No se necesita un gobierno coligado con un concejo municipal en la consolidación de un modelo urbanístico que va a colapsar la movilidad o que va a propender su crecimiento sin fin.
El modelo del desarrollismo, la inversión en infraestructura que pide más gasto, hoy la construcción de una calle, mañana de un puente y luego de una avenida de varios carriles, nos lleva al fracaso. El cuento chino de la competitividad, sin reflexión, es un tobogán hacia el infierno del atasco y la contaminación.
Es atractivo el discurso y la emoción que se evidencian en el alcalde actual y en el gobernador en varios aspectos: de una parte su interés por trabajar juntos dice bien de ellos. El anhelo del gobernador y del alcalde de traer cofinanciación de fuera de las fronteras habla de una postura de vanguardia de los mandatarios.
El alcalde de Armenia, José Manuel Ríos, debe entender un asunto primordial: no habrá ciudad moderna y menos diferenciada frente a las demás del país, si aquí no existe una oferta educativa de alto nivel en la básica primaria, en la secundaria y en la formación superior. Y no habrá una ciudad reflexiva y seria en tanto los procesos culturales, históricos y artísticos no tengan, como deben tener, una secretaría de cultura que gestione tales asuntos.
Hace doce años, los gestores del Quindío logramos la creación de la secretaría, y ahora podemos decir que existe un sistema de cultura, abonado por unas políticas públicas y unos programas, como la ampliación del recaudo de la estampilla procultura, las bolsas de concertación para proyectos artísticos, el programa de estímulos, el avance de los planes de promoción de lectura, la consolidación de la Biblioteca de Autores Quindianos, la estabilidad de la Banda Departamental de Músicos, la reglamentación del sector, en fin, que nos permiten pensar que vamos en el camino correcto.
Importante ha sido que en la secretaría de Cultura estuviera James González Matta y que ahora esté Jorge Iván Espinosa, dos artistas y dos gestores, distintos, pero con el conocimiento y el sentido pertenencia por la cultura de la región.
Lo mismo no ha ocurrido con la entidad que rige los destinos y la inversión en cultura del municipio. La Corporación de Turismo y Cultura de Armenia no ha servido para nada, para nada y para muy poco en el proceso de gestión del arte y la cultura en la ciudad.
No ha servido para nada, aclaro, porque no se ha especializado en el tema cultural, y no tiene un norte estético o administrativo que nos conduzca a alguna parte. No hace efectiva una política pública en la ciudad.
Y no ha servido para nada, complemento, porque ha sido un nido de politiquería, en donde medran intereses inconfesados de algunos gestores o la mediación abusiva de unos concejales de antes y de ahora, quienes actúan para mover proyectos en esa entidad. Los alcaldes nombran allí fichas políticas, como amanuenses de una idea clientelista de ciudad.
Y ha servido para muy poco: tal vez para operar las fiestas aniversarias de Armenia, que no tienen un concepto claro como expresión colectiva de villa cuyabra.
Armenia necesita, como ilusión comunal, una re-evolución cultural y estética. ¿Podrá el bien intencionado señor alcalde liderar ese proceso, en medio de tanto bullicioso interesado?
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