Esta frase de origen alemán, que se traduce históricamente como política realista, se define como “…política o diplomacia basada principalmente en consideraciones de circunstancias y factores dados, en lugar de nociones ideológicas explícitas premisas éticas y morales”.
Si bien Bismarck utilizó la frase para buscar el equilibrio de poderes que diese lugar a la paz en Europa, hoy podemos aplicar esta figura a la política en nuestro país, cuando han comenzado tres meses frenéticos de campaña en un todo vale que se siente en las redes y en las calles.
Pero al contrario de ello hablemos con fantasía, de un país como nunca jamás, o con el realismo mágico de unas elecciones en una tierra inolvidable, rica y con excelentes seres humanos. Un lugar donde el imaginario dice que la política es un negocio. Un negocio donde los intereses no son los colectivos sino singulares de los líderes, o los que se pregonan jefes, que usando el poder económico colocan sus fichas en los puestos donde se toman las decisiones. Un lugar imaginario donde los partidos de todos los colores, de extremos o de centros dejaron de lado las ideologías. Por el contrario, la corrupción y la desigualdad campeán.
En esa ilusoria nación, la desigualdad sirve de caldo para manejar a los electores. Los que detentan el poder que manejan beneficios económicos o de bienestar (subsidios) buscan en las listas de beneficiarios los votantes necesarios, cobrando la decisión a los amables ciudadanos, o condicionando su beneficio al intercambio de sufragios. O simplemente el día de las elecciones entregando dádivas para que sufraguen por el patrocinador. De ahí que son costosas las campañas para los aspirantes como para los que pagan impuestos.
Y qué decir de unas entidades territoriales, locales, provinciales, que en época de administración regular tienen más empleados por contratos de prestación de servicios que de planta. Pero lo más protervo es la contratación en época preelectoral, en los eneros (será el tres de enero) se disparan la contratación en todas las instituciones oficiales, utilizando la necesidad del empleo como herramienta para condicionar al vinculado a aportar proselitismo y algunos votantes.
En esa patria imaginaria, el clientelismo y reclutamiento de personas representativas, en las comunidades, o elegidos en las localidades, a cambio de canonjías, hace como normal que los que se eligieron por unos partidos, estén con los contrarios dado su patrocinio. Y los mecenas juegan sus cartas en todas las tribus para asegurar su influencia sin importar quienes son los elegidos.
La conciencia de la gente convertida en moneda de estanco, predicaría un estadista asesinado. Pero esa costumbre, acongoja a muchos de los habitantes de esta fábula democrática y en los últimos tiempos han protestado mediante el voto en blanco.
Pero pasan y pasan elecciones y los habitantes critican, despotrican de su dirigencia, pero siguen eligiéndolos, y dejando usar los mecanismos de la acción política.
Todo parecido con nuestra realidad, que no se parece en nada a esta historia, sería deslegitimar nuestra democracia, esa que construimos día a día, votando por los mejores, y con la necesidad de lucha por partidos fuertes en doctrina y filosofía, que apunten a la igualdad de oportunidades y el mejoramiento de la calidad de vida de todos y cada uno de nuestros ciudadanos.
- Temas relacionados :
