Inicia la Semana Santa, una vez más en medio de circunstancias poco convencionales, sin la posibilidad de compartir las tradicionales procesiones y con restricciones en cuanto a la vivencia de los Sacramentos y prácticas de piedad. Las parroquias se esfuerzan por realizar las ceremonias con bioseguridad y hacerlas llegar a los fieles hasta sus hogares, … Continuar leyendo
Inicia la Semana Santa, una vez más en medio de circunstancias poco convencionales, sin la posibilidad de compartir las tradicionales procesiones y con restricciones en cuanto a la vivencia de los Sacramentos y prácticas de piedad. Las parroquias se esfuerzan por realizar las ceremonias con bioseguridad y hacerlas llegar a los fieles hasta sus hogares, usando medios virtuales.
Se han creado nuevas oportunidades para entrar en contacto con Dios, escuchar la Palabra y mantener vivos: la conexión espiritual, el sentido existencial y la esperanza.
Tanto para los católicos como para quienes profesan otra religión u otras creencias, este es un tiempo para la reflexión, hacer un alto en el camino y contemplar la vida, mirarse en el espejo del alma y con franqueza formularse preguntas como: “¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿De qué forma me estoy relacionando conmigo mismo y con los demás? ¿Cuál es la huella que estoy dejando? ¿Cómo estoy aprovechando mis talentos? ¿De qué forma estoy gestionando mis emociones? ¿Cómo estoy siendo fuente de servicio, paz y esperanza?
La vida es un viaje y en él, cada minuto es único e irrepetible. De allí que sea necesario dejar de improvisar y tomar consciencia de la experiencia vital como algo que debemos aprovechar de la mejor manera que sea posible, estando en gratitud por quienes somos y lo que tenemos, habitando nuestra identidad y llevando a la máxima expresión las potencialidades con las que contamos.
Es fundamental comprender que todos los seres estamos conectados y que el bien que hacemos, contribuye a hacer de este mundo un mejor lugar. Fortalecer buenos hábitos como la solidaridad, la generosidad y el servicio, aumentar el impacto positivo que generamos y algo inaplazable: ser felices.
Ese espacio de reflexión, debe llevarnos a movilizarnos desde el interior, con deseos de cambio que se traduzcan en acciones de mejoramiento. Cada uno puede ser su mejor versión, reconociendo con humildad sus equivocaciones, afinando los rasgos del carácter para convivir mejor con quienes nos rodean y comprometiéndonos a aprovechar de la mejor forma los dones que hemos recibido.
Cambiar, implica primero mejorar la relación consigo mismo desde dos ejes: aceptación y gratitud, reconocer lo bueno que somos y tenemos, para sentir agrado y orgullo por todo y de esta manera, experimentar satisfacción con nuestro cuerpo, historia y realidad. Amarse a sí mismo es una tarea relevante, que debemos cumplir si queremos que nuestro paso por este mundo esté colmado de buenos momentos y de logros en el desarrollo personal – el reto diario –.
En segundo lugar, es necesario revisar cómo está la relación con la familia, en especial con los más cercanos: padre, madre, hijos, pareja… ¿de qué manera estoy construyendo respeto, armonía y buena comunicación? ¿Estoy siendo agradecido y generoso? ¿Les estoy entregando lo mejor de mí? ¿Soy consciente de sus necesidades y expectativas? ¿Hago algo bueno frente a ellas?
En tercer lugar, es fundamental entender cuál es el papel que estamos jugando en nuestra comunidad, cómo estamos impactando a nuestro barrio o vecindario, cómo estamos haciendo de nuestra ciudad un mejor lugar. Es necesario preguntar: ¿Estoy siendo buen ciudadano? ¿Respeto los espacios de mi territorio?
En cuarto lugar, debemos asumir que nuestro hogar es el planeta y el cuidado de la naturaleza es asunto de cada uno. ¿Estoy apreciando los tesoros naturales? ¿Comprendo que el agua, los animales y las plantas son un regalo maravilloso? ¿Los cuido y propendo de diversas maneras por su conservación?
Estar mejor en este mundo tiene mucho que ver con las decisiones que tomamos y las conductas que asumimos… Entonces, que esta Semana Santa sea de reflexión y cambio.
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