Hace poco tuve la oportunidad de escuchar la historia de un hombre luchador, quindiano, abnegado a sus hijos y por su apariencia con una vida difícil, pero sin dudar un guerrero que no se dejó vencer. Esta historia de vida y superación me marcó y me generó un alto grado de admiración por lo cual, … Continuar leyendo
Hace poco tuve la oportunidad de escuchar la historia de un hombre luchador, quindiano, abnegado a sus hijos y por su apariencia con una vida difícil, pero sin dudar un guerrero que no se dejó vencer.
Esta historia de vida y superación me marcó y me generó un alto grado de admiración por lo cual, tomé la decisión de plasmar un poco lo que me contó y lo vivido a lo largo de sus años debido al alcoholismo.
Pude conocer su relato gracias a una amiga cercana y fue casualidad total que me compartiera sus anécdotas, que, aunque un poco graciosas no eran sino el resultado de constantes estados de ebriedad que iban desencadenando problemas para su vida y la de su familia.
Este quindiano empezó a probar la bebida a los 16 años cuando salió de su colegio, y estuvo dos años seguidos constantes sumergido en el mar del alcohol estando totalmente inconsciente de sus actos.
“Es que yo tenía plata porque le ayudaba a mi papá y lo que ganaba me lo gastaba todo en trago”, afirma. Era tanta su adicción que prefería estar bajo los efectos del alcohol que vivir su realidad. “Un día me acuerdo, que llevaba tanto tiempo bebiendo que ni para un par de zapatos tenía y me puse los zapatos del grado, eso hasta bonito se veía combinado con el traje y con él dure como 1 año, esos zapatos ya todos gastados”, cito sus palabras.
Cuando escuchaba sus palabras me imaginaba como el ser humano se guarda en los vicios, escondiendo sus problemas a través de ellos y negando la realidad de vivir por dura, o triste que sea, en ocasiones no se enfrenta, sino que se evade a través de un distractor momentáneo.
Nuestro protagonista cada día estaba más entregado a ser un alcohólico declarado y para él la recuperación no era opción; dice él que solía tener hasta 5 cédulas por si se le perdía alguna en medio de sus lagunas mentales; sumando a ello las billeteras las guardaba y olvidaba donde las dejaba algunas hasta con dinero en su interior, que a posterior encontró.
Su familia, un amor y un bebé de 10 meses después de casi 12 años hicieron que a hoy día este hombre lleve 28 años sobrio, tomando la decisión ya sea por casualidad, destino o designios divinos conocer el espacio que la vida tenía preparado para él; <<Alcohólicos anónimos>>, con el fin de ser mejor para los demás, para los que ama, pero también para sí mismo. Creer que podía recuperarse y salir del fango donde se encontraba era su mayor anhelo en la vida, sin saberlo en un principio y mucho menos aceptarlo salvarse de ese mar en una botella era lo que necesitaba, su red de apoyo fue un salvavidas que le permitió ver lo que estaba sucediendo consigo mismo y lo que estaba provocando en su familia.
Creo firmemente que cuando se tiene convicción en sí mismo y en lo que se desea lograr, ni una botella nos hace prisioneros de un infierno, total admiración para aquellos que han podido superar sus desafíos, quienes no se han rendido y han perseverado. Esto es un ejemplo más que el Quindío está lleno de historias de personas pujantes con ganas de salir adelante, y que a veces lo que falta es un empujoncito para luchar contra la corriente.
Créditos:
A mi Luz Amparo Posada por presentarme a este guerrero y a él por confiar en mí y compartir un poco de su vida.
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