Hace pocos días, por iniciativa de la subsecretaria, Jesica Riveros, en Calarcá fue celebrado casi medio siglo de la existencia de la Casa de la Cultura. Nada mejor, esa conmemoración, para mirar de frente el espejo de lo que fue nuestro municipio y de lo que, ahora, con el liderazgo de Sebastián Ramos Velasco, podemos … Continuar leyendo
Hace pocos días, por iniciativa de la subsecretaria, Jesica Riveros, en Calarcá fue celebrado casi medio siglo de la existencia de la Casa de la Cultura. Nada mejor, esa conmemoración, para mirar de frente el espejo de lo que fue nuestro municipio y de lo que, ahora, con el liderazgo de Sebastián Ramos Velasco, podemos llegar a ser de nuevo, como la ciudad cultural de la región Centro Occidente del país.
Crecí con la construcción y consolidación de la casa de la cultura, como espacio emblemático de los calarqueños. Mis abuelos maternos, Marina y Manuel, vivían allí al frente, dos campesinos bellísimos que habían llegado de Salamina, Caldas.
Construida por iniciativa de Lucelly García de Montoya, su inauguración y su posterior funcionamiento fue importante, con la presencia de Alfonso López Michelsen, ex presidente e intelectual, y con la llegada de eventos y personajes de todo Colombia.
En Calarcá podíamos ver obras de Shakespeare, del teatro Libre de Bogotá, Ricardo III, o cantantes españoles, como Juan Erasmo Mochi, convocados por la figura de la Directora de la Casa de la cultura, en este caso con la felicidad que tuvimos los ciudadanos de contar con Esperanza Jaramillo García como la gran gestora que posicionó ese lugar para el encuentro con nuestra cultura y con los grandes sucesos artísticos del país.
Esperanza Jaramillo, y luego doña Alba Jaramillo, resaltadas en mi memoria, entendieron que nuestros fundadores, Segundo Henao y Román María Valencia, y los demás que llegaron a desbrozar caminos y mentes, nos habían dejado, además de una vocación agrícola, un legado basado en la educación y en la estética. Ellos imaginaron que sus hijos y nietos serían bien formados en ciencia y, en especial, librepensadores. Ciudadanos deliberantes que cumplieran deberes cívicos y que fueran insumisos frente a la mediocridad o la injusticia.
Con esa historia, aparecieron Luis Vidales Jaramillo, Rodolfo Jaramillo, Jaime Lopera, Libaniel Marulanda, doña Agripina Restrepo de Norris- excepcional mujer y gestora- Elías Mejía, Burlando Torres, Carlos Alberto Villegas Uribe, Darío Fernando Patiño Jiménez, Humberto Jaramillo Ángel, Umberto Senegal, y ahora Juan Felipe Gómez y Sara Marianne Herrera, en fin, tantas y tantos educadores y escritores que convirtieron a Calarcá, en un pasado reciente, en un laboratorio de ideas, argumentos y ficciones, también.
La Casa de la Cultura, ahora, ha retomado el camino de reivindicar nuestro patrimonio espiritual. En cabeza de Jesica Riveros, aparte de ahondar en los procesos formativos, a través de escuelas de formación en arte, música, teatro, danza, literatura, y la adquisición de nuevos instrumentos musicales y de una nueva colección de libros para la biblioteca, ha apoyado más de 25 eventos propios del municipio, por sus Acuerdos, y la gestión de más de 30 actividades de gran impacto. Desde la Casa de la Cultura se apoya Cultivarte, que además de promover arte urbano y educación, actúa como un dique contra la ideación suicida en el municipio.
Jesica, apoyada por Sebastián Ramos, el alcalde, ha consolidado un equipo de lujo en la Casa de la Cultura. Profesores y gestores de alto nivel, comprometidos todos con la cultura y con Calarcá.
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