¿Es justo que en Colombia la mayoría de los equipos de fútbol reciba los mismos recursos por derechos de televisión sin importar audiencia, inversión, rendimiento o si se está en la A o en la B?
Nacional, Millos, América, Junior, Santa Fe, Medellín, Cali y Caldas, los más grandes del país, están en bloque para exigir un cambio en la repartición de los recursos.
¡Qué maravilla!
El modelo actual suena bonito: todos reciben lo mismo, todos compiten en igualdad. El problema es que en la práctica termina siendo anestesia competitiva. Si usted, haga lo que haga, invierta o no va a recibir una tajada similar del pastel, ¿cuál es el incentivo para arriesgar?
El sistema acabó con el espectáculo y, lo más grave, con una pérdida evidente de peso internacional. En los 90, por ejemplo, los equipos colombianos le ganaban a equipos chilenos, uruguayos, paraguayos, peruanos, ecuatorianos. Ahora qué problema para ganarle a cualquiera.
La semana pasada, Tolima, que aquí en Colombia es un equipo ‘durito’, perdió en casa con Táchira de Venezuela. ¿Se acuerdan cuando Santa Fe fue eliminado hace un año de la Copa Libertadores por el modesto Iquique y luego, meses después, fue campeón de la Liga? Aquí, en tierra de ‘flojitos’, son leones, pero afuera, midiéndose a cualquiera, son unos lindos gaticos.
Volvamos. Los clubes que más audiencia generan, que más venden, que más mueven rating y patrocinadores, reciben lo mismo que instituciones que no pelean por nada y que desde hace años viven en la B.
Algunos dirán: ‘¿cómo así que darle más al grande? Eso es hacer más rico al rico’. Y suena hasta lógico, pero así es la realidad del mercado. Si usted quiere ganar más, tiene que producir más. Un modelo que premie audiencia, resultados deportivos e inversión no castiga al pequeño, lo obliga a moverse, a buscar mejores patrocinadores, a fortalecer divisiones menores, a hacer convenios, a profesionalizar su gestión, a competir de verdad.
El esquema actual, en cambio, permitió que dirigentes pensaran en la comodidad: equipo barato, nómina corta, metas mínimas y platica asegurada. Eso, por ejemplo, es parte del ecosistema que mantiene al Deportes Quindío descendido desde 2013.
Y aquí viene algo que me ronda la cabeza. Este año se ve un Quindío distinto, con otra actitud. Incluso desde la dirigencia se percibe un interés que no era habitual en la era de la desidia de Hernando Ángel. Me pregunto: ¿será que Ángel supo hace meses de este inminente cambio en la repartición del dinero y que, por lo tanto, ahora sí conviene estar en la A y no en la comodidad de la B?
Hace años los grandes amagaron con crear una liga aparte. No prosperó, pero la presión nunca se fue.
Si el nuevo modelo obliga a invertir, a competir y a dejar la pereza administrativa, bienvenido sea. Si eso significa que el Quindío estará en la A para no quedarse por fuera del pedazo importante del negocio, mucho mejor para nosotros.
Porque al final esto no es una pelea de ricos contra pobres, es una discusión sobre calidad. Y el fútbol colombiano hace rato necesita mirarse al espejo, aunque se asuste.
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