Para algunos, existe ceguera frente a la propia tristeza o desencanto. Viven en blanco y negro, ajenos a la gama de colores que prodiga la existencia.
La exigencia de quedarse en casa para protegerse del virus es compleja para muchos, acostumbrados a rutinas laborales y sociales intensas.
Es una mirada posible, ver restringida la libertad, aun de forma temporal, impacta.
Otra mirada podría ser… gozamos de días para la calma, podemos vestir ropa más cómoda, escuchar la música predilecta, comer lo que nos agrada y gozar de la compañía de los que amamos, esa de la que poco disfrutamos por los afanes cotidianos.
Cada cual elige su mirada, lo cierto es que, de ella depende que estos días se conviertan en padecimiento o en oportunidad.El padre Rubén Darío García, de la Conferencia Nacional Episcopal, dijo: “Aislados en casa podemos descubrir nuestros niveles de angustias y ansiedades y su repercusión en las relaciones cotidianas. Se revela la capacidad de generosidad y la disposición a servirnos mutuamente”. Lo verdadero se expresa: el amor o su ausencia, la tolerancia o la incomprensión, la paciencia o el enojo.
Es ocasión para emprender un viaje interior, que nos permita identificar las vendas —imperceptibles— que tenemos, que nos mantienen indiferentes ante asuntos personales y familiares y que tendremos que notar para poderlos intervenir. Es oportuno preguntarnos… ¿Qué es lo que no estamos viendo? ¿En nosotros mismos, en los que amamos, en nuestra vida?
Para algunos, existe ceguera frente a la propia tristeza o desencanto. Viven en blanco y negro, ajenos a la gama de colores que prodiga la existencia. Sería oportuno reconocerse en ese estado y construir algo mejor. La felicidad individual, más que el resultado de acontecimientos externos, es una construcción, fruto de la intención y la gratitud.
Para otros, falta visualizar asuntos sin resolver que les impiden avanzar… Alguien está siendo ajeno al valor de aquellos con los que cuenta en su vida y la cantidad de dones que posee.
Es necesario ver la propia prepotencia, reconocerse en el egoísmo, ¡cuántas cosas impiden que nuestra esencia aflore y seamos felices en la simplicidad de lo necesario y verdadero!
Caídas las vendas, será posible contemplarse con honestidad y apreciar la vida de otra manera.
Sé que muchos lectores —y quien escribe—, hemos lamentado la ausencia de tiempo para hacer lo que nos gusta y estar con los que amamos. ¿Qué tal si tomamos lo que ocurre, no como privación, sino como regalo y atesoramos el momento para realizar lo que hemos aplazado? La invitación es: incrementar los niveles de consciencia, activar la esperanza, despejar la mirada para vernos con claridad y contemplar a quienes nos rodean de la misma manera, ser compasivos y estar en apertura. Romper las vendas que nos mantienen en la ceguera de la inconsciencia y la obstinación, contemplar con alegría la verde pradera del futuro, tapizada de minúsculas flores de colores vivos.
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