En un porcentaje aceptable, es necesario reconocer que el electorado quindiano y en particular de su capital, ha comenzado a entender la necesidad inaplazable de luchar contra esa casta política que se ha insertado desde hace muchos años en la administración regional para convertirla en sus fortines individuales de enriquecimiento, como si se tratara de … Continuar leyendo
En un porcentaje aceptable, es necesario reconocer que el electorado quindiano y en particular de su capital, ha comenzado a entender la necesidad inaplazable de luchar contra esa casta política que se ha insertado desde hace muchos años en la administración regional para convertirla en sus fortines individuales de enriquecimiento, como si se tratara de sus propios negocios particulares que pueden explotar a su amaño, frente a lo cual ahora empieza a reaccionar.
Ojalá esta reacción parcial, haga eco en los elegidos, así muchos de ellos sigan aferrados a los mismos intereses nefastos y procuren el desarrollo de una administración acorde con las expectativas y anhelos de quienes los eligieron. Es claro que el desarrollo de las campañas no dejó de mostrar las tendencias oscuras y malintencionadas acudiendo y agudizando las prácticas destructivas que no debieran registrarse en un evento democrático donde el respeto debe primar hacia los contendores y sus diferencias de opinión. Un fenómeno que siempre se observa, es la forma como determinados actores políticos van de un lado a otro, en concordancia con la imagen que de momento registran las figuras más representativas de cada sector en contienda. Por ejemplo, frente a la imagen en franco deterioro del actual presidente, muchos de sus seguidores cuando se les indagaba por su respaldo político del petrismo, pese a las evidencias, lo negaban una y otra vez, como en el caso del electo gobernador de Caldas Henry Gutiérrez, quien hoy aparece muy orondo en todos los diarios en compañía de los otros 13 similares invitados con prioridad al Palacio de Nariño. Pensará él que si Pedro se atrevió a negar 3 veces a su Maestro, por qué él no lo podía hacer con Petro. ¡Cuántos candidatos, harían lo mismo!
Hoy la suerte está echada y solo queda esperar que algún día quienes acceden a estos cargos públicos, si son creyentes como tantas veces lo pregonan, sin demostrarlo en la práctica, logren asimilar este texto que casualmente mientras escribía esta columna me encontré en la Liturgia del día, correspondiente al libro de la Sabiduría (6,1-11) que debieran ellos invocar: “Escuchad reyes y entendedlo gobernantes del orbe hasta sus confines: Prestad atención, los que domináis los pueblos y alardeáis de multitud de súbditos: el poder os viene del Señor y el mando del Altísimo; El indagará vuestras obras y explorará vuestras intenciones. Siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, no guardasteis la ley, ni procedisteis según la voluntad de Dios. Repentino y estremecedor vendrá sobre vosotros, porque a los encumbrados, se les juzga implacablemente. A los más humildes se les compadece y perdona pero los fuertes sufrirán una fuerte pena; el Dueño de todos no se arredra, no le impone la grandeza: Él creó al pobre y al rico y se preocupa por igual de todos, pero a los poderosos les aguarda un control riguroso. Os lo digo a vosotros soberanos, a ver si aprendéis a ser sabios y no pecáis. Los que observan santamente su santa voluntad serán declarados santos; los que se la aprendan encontrarán quien los defienda. Ansiad pues mis palabras; anheladlas y recibiréis instrucción.”
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