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Se abre el camino: Reforma a la Constitución

Juan José Orrego López

jueves, 12 junio 2025

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Es inmensa la tristeza por lo que está sucediendo en el país. Preocupa que nuestra democracia, ya herida, afronte un futuro incierto y con una estructura invertida que ha permitido llegar a la situación actual: un Congreso que bloquea al país y, aún más lamentable y peligroso en una democracia, la decisión de declarar al Senado en sesión permanente.

A ese malestar se suma la rebeldía y el inconformismo de la misma sociedad, lo que agrava la angustia. Contamos con un cuerpo legislativo compuesto, en muchos casos, por congresistas negligentes que no aportan soluciones, así como una clase dirigente, empresarios y partidos políticos que han demostrado más incapacidad que voluntad de servir a Colombia. Se está impulsando lo que nadie desea: una preferencia por desestabilizar antes que construir. Ya comienzan a revelarse nombres, para que la sociedad civil y millones de colombianos puedan evaluar con mayor claridad lo que realmente buscan la clase política y el Congreso. Más que cumplir con el mandato por el que fueron elegidos, muchos muestran un gran temor a no ser reelegidos y a perder su vida cómoda como legisladores, viviendo del erario.

Tras el atentado contra el senador Uribe Turbay, y conociendo la negligencia y el poco interés de los congresistas por impulsar cambios, repentinamente desapareció esa lentitud. Salieron en masa, dispuestos a ponerse al frente y proclamar con voz fuerte —como si un grito en “Do mayor” bastara para lavarse las manos de ilegalidades y aparecer como figuras impolutas— una autoridad poco clara, manchada, sin haber sido juzgada por la ley. Muchos de ellos sin personalidad, con un nivel intelectual preocupante, se atreven a señalar culpables, cuando ellos mismos están salpicados por una corrupción desenfrenada que no cesa.

El senador Efraín Cepeda, en un medio nacional, expresó lo que considera está viviendo el país: “una fractura profunda de la democracia”, recordando que las democracias no colapsan de un día para otro, sino que se erosionan lentamente por la permisividad, la indiferencia y la indolencia, siendo el respeto lo primero que se pierde.

Conociendo el peligro y el riesgo que enfrentan las democracias, me pregunto: ¿por qué guardaron silencio durante tantos años y no actuaron a tiempo para prevenir este malestar que ya se vive?

Si no existiera esa infinidad de intereses entre todos los actores políticos, Colombia no estaría atravesando esta situación. Lamentablemente, la mayoría de congresistas y partidos, en lugar de construir país, han legislado en defensa de sus propios intereses. Solo faltaba, para desestabilizar aún más y profundizar el rechazo al gobierno, llenar de odios, venganzas, rencores y divisiones al país.

Con esta violencia, la falta de liderazgo, un gobierno con respaldo popular pero sin apoyo legislativo, y un Senado en sesión permanente, más que retirar las reformas, se deberían presentar de nuevo, socializarlas de manera distinta, más constructiva y sin apelar a la consulta, ya que entramos en época electoral, lo que hará más difícil impulsar cambios positivos.

Si realmente no se quieren cambios, el país debe prepararse con urgencia para una gran Reforma a la Constitución de 1991.

 


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