Existe una realidad que los seres humanos debemos aceptar y que está presente desde la primera respiración… Es la muerte. Aterradora para muchos, inafrontable para otros, dolorosa para la mayoría, trascendente para varios y para algunos, descanso definitivo y anhelado. Sea cual fuere la percepción de cada cual, es una cita que no puede evadirse … Continuar leyendo
Existe una realidad que los seres humanos debemos aceptar y que está presente desde la primera respiración… Es la muerte.
Aterradora para muchos, inafrontable para otros, dolorosa para la mayoría, trascendente para varios y para algunos, descanso definitivo y anhelado. Sea cual fuere la percepción de cada cual, es una cita que no puede evadirse y que trae consigo el vacío de la ausencia, que solo puede llenarse con gratitud, buenos recuerdos y esperanza.
Al partir, queda lo que fue construido durante los años que se permaneció en esta tierra… la huella dejada en las vidas que se cruzaron, las relaciones que se forjaron, las experiencias y por supuesto, los aprendizajes. Algunos se van con poco eco, otros quedan resonando para siempre, como lo hacen las mejores melodías, porque vivieron de tal manera, que resultan inolvidables y para siempre dignos de preservar en la memoria del corazón.
Se trata de los seres memorables, como lo fue José Cristóbal Huertas Ariza, gran hombre que partió a la Mansión Eterna luego de una vida plena, colmada de huellas de amor labradas con esmero en el corazón de su esposa, Emelia Peña Guerrero, de su familia y sus amigos.
¿Quiénes son los seres memorables? Tiene unas características especiales:
Primero, construyen armonía a su alrededor. Son personas incomparables que cuidan las interacciones con otros, apreciando lo bueno, entregando afecto y reconocimiento, siendo excelente compañía para quienes les rodean.
Segundo, viven con integridad y honor. Hacen de valores como la honestidad y la rectitud, directrices para sus vidas. Son incapaces de un mal proceder, su conciencia les dicta solamente lo bueno, justo y conveniente para todas las partes y de esa manera se comportan en todos los ámbitos de su vida.
Tercero, dan lo mejor de sí, haciendo del servicio una práctica permanente. Son disponibles, con ganas de ayudar, tienen siempre en los labios una sonrisa y en la mente pensamientos positivos. Se esmeran en hacer más fácil el camino a los otros y se enfocan en su propio perfeccionamiento como el proyecto más relevante de su existencia.
Cuarto, disfrutan cada instante de la vida. Viven a plenitud, con intensidad y alegría, se gozan el agua en las mañanas y el café tempranero, aprecian el sabor de cada bocado de alimento. Van por el camino con los ojos abiertos, observando y admirando, contemplando con asombro la hermosura creada y apreciado los instantes compartidos con los demás.
Quinto, más que conocimiento atesoran sabiduría. Ellos se enfocan en lo que es importante. Entienden que la simplicidad es una conquista y buscan esclarecer su pensamiento, para discernir y tomar buenas decisiones. Siempre es oportuno pedirles un consejo, porque su alma limpia y su inteligencia depurada, les permiten desarrollar una excelente visión de las situaciones y de la vida misma.
Sexto, dan amor de forma incondicional y sincera. Se brindan de manera generosa y sin esperar nada a cambio. Están conectados con la abundancia del corazón y el altruismo.
Estas personas también mueren y duele en la mitad del alma su adiós, sin embargo, sus vidas son tan valiosas y bellas, que su aroma perdura para siempre.
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