Cuando hablamos de sexualidad no solo estamos tomando en cuenta el sexo, no es solo el acto penetrativo en sí. Es más bien un cúmulo de sensaciones y acciones que se dan cuando interactuamos con alguna persona sin importar quien sea, incluso con nosotros mismos. Cuando tocamos un cuerpo, observamos un gesto, damos la mano, … Continuar leyendo
Cuando hablamos de sexualidad no solo estamos tomando en cuenta el sexo, no es solo el acto penetrativo en sí. Es más bien un cúmulo de sensaciones y acciones que se dan cuando interactuamos con alguna persona sin importar quien sea, incluso con nosotros mismos.
Cuando tocamos un cuerpo, observamos un gesto, damos la mano, abrazamos o acariciamos estamos experimentando una sexualidad activa, esta que tal vez, esta libre de contenido erótico o tal vez esta cargada del mismo pero en si no es un acto erótico.
Muchas veces los cuerpos se alejan de estas conductas que los llevan a las sensaciones más placenteras y enriquecedoras y pierden la capacidad de percibir ciertos estímulos que pueden resultar muy ricos y llenos de placer.
Tal vez cuando hablo de placer no solo me refiero a esa energía consciente donde sientes un bienestar puntual, sino a esa forma de exploración en libertad que permite que mi cuerpo sea libre y encuentre ese punto de apertura hacia esa sensación.
En la sexualidad caben tantas expresiones, tantas opciones y tantas formas, que sería muy ingrato pensar en ella como un acto repetitivo y estereotipado lleno de aburrimiento. La sexualidad humana es tan amplia que comprende formas y expresiones variadas y dinámicas y cuyos objetos que son las personas que la exploran, se ven tentados cada vez más en un viaje lleno de químicos, neuro transmisores y sensaciones.
Es por esto que te invito a explorarte desde tu propio cuerpo y placer, entendiéndolo, conociéndolo y socavando en lo más profundo de la sensación para ir avanzando, no le estás haciendo daño a nadie por abrir tu mente a la sexualidad, no es un hecho pecaminoso y mucho menos culposo. Lo único que hacemos al comprender más nuestro placer y experimentar, es disminuir la energía misma del desequilibrio emocional y regular en gran medida nuestros procesos psicológicos.
Los cuerpos dolorosos, prohibidos, llenos de barreras, son cuerpos que han estado alejados de la exploración de la sexualidad, cuerpos que se han negado la oportunidad o que por traumas tienen miedo de explorar.
Qué bueno sería si todos lográramos vencer el temor, el gran tabú y la culpa que ha sido inculcada por la sociedad durante tantos años para comprender que podemos ser libres y avanzar solos, o con nuestras parejas en esa apertura de nuestro placer.
Cuando estemos en pareja, hablemos, tengamos la oportunidad de contarle que nos gusta más, cómo queremos sentir, cómo podemos ser tocados, qué necesidades tenemos y qué fantasías hacen parte de nuestra mente. Esto hace que la sexualidad sea más madura, que no seamos una caja negra con el otro, que logremos decir cuando queremos algo y cómo lo soñamos para que juntos podamos vivir un viaje lleno de fantasía y amor.
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