Estas últimas cuatro columnas parecen ya largas con el tema de los términos y conceptos ambientales, pero con todo el respeto hacia mis lectores, considero necesaria la referencia de los mismos para sin creernos “ilustrados supremos” o “preclaros”, para ampliar nuestro léxico en la temática de mayor importancia en estos momentos en todo el mundo y que se ha vuelto determinante para nuestro futuro común o colectivo.
En la medida en que se ha agravado el panorama, han ido apareciendo por igual, empresas y organismos, que pretenden mostrarse responsables con el ambiente. Es más, en algunos casos, como si fueran abanderadas en la defensa de la vida en el planeta, pero la realidad es que, en la cotidianidad, sus acciones son igual de agresivas contra el ambiente y contra la vida misma. A esto se la ha llamado ‘Greenwashing’ (lavado verde), que también se entiende como el “lavado de imagen verde” o “lavado de cara verde”, resultando ser un engaño, apoyado en campañas publicitarias.
Este término fue acuñado por el ambientalista de New York, Jay Westarveld, en 1986, al referirse al lavado de imagen de la industria hotelera, mostrándose como ecológicas, cuando lo que buscaban era más rentabilidad, engañando a sus usuarios o clientes sensibles a la problemática ambiental y a su lenguaje propio como “natural”, “orgánico”, “ecológico”, “sostenible” o “amigable con el ambiente”, y así obtener más ganancias. Claro que esta estrategia la utilizan muchos sectores altamente contaminantes y depredadores ambientales como la industria petrolera, la gasífera, carbonera, ganadería, la construcción y desarrollo urbanístico, la aviación y los cruceros, la automovilística, la industria del vestido, el agronegocio, la industria alimentaria para el ganado, etc.
‘Naturalezas baratas’, término creado por el mismo del ‘Capitaloceno’, el estadounidense Jason W. Moore (2020), indicándonos cuando la naturaleza con todos sus componentes incluyendo el factor humano es “vista y tratada como un recurso accesible y de bajo costo para el capitalismo”. Con esto están evadiendo el “costo ecológico y social de esta explotación”, permitiendo más su acumulación del capital, terminando por asumir los costos de dichos expolios, las mismas comunidades y la naturaleza en su conjunto.
‘Ecocidio’, este nos señala la destrucción masiva del ecosistema o de una especie en particular en grandes dimensiones y con daños o impactos probablemente irreversibles. Se ha ido fortaleciendo la presión ciudadana (iniciativa Stop Ecocide), para que sea considerado un crimen por la Corte Penal Internacional, mientras en Colombia está incluido en el código penal, artículo 333. El ecocidio a nivel mundial es una práctica común bajo el pretexto del supuesto progreso social y económico. Arrasan con ecosistemas a favor del gran capital.
Nota: Entusiasmado con la búsqueda de conceptos y términos que paulatinamente se han ido adecuando al lenguaje cotidiano de los científicos e investigadores, después en los diferentes espacios de divulgación y seguidamente en la ciudadanía, he encontrado en la Internet, el “Diccionario de Términos Ambientales”, de las cubanas Aurora Camacho Barreiro y Liliana Ariosa Roche, del Centro de Información, Gestión y Educación Ambiental. Está obra consta de 415 términos. Les invito a consultarla.
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