Debemos reiterarlo, el “Efecto Lujo”, aunque se encuentre extendido por infinidad de lugares urbanos en el mundo actual, no se da por igual en todas partes e incluso es muy posible que algunas o más bien en muchas ciudades no se presente como consecuencia de su propia organización social y territorial.
Ahora bien, en lo que se denomina hoy como “Sur Global” puede ser más evidente y reiterativo que en el “Norte Global”. Volvemos a lo mismo, entre mayor desigualdad y exclusión se dé en un territorio determinado, mayor será la injusticia ambiental y, por lo tanto, mayor será el riesgo que enfrentan los sectores o barrios populares ante los desastres climáticos.
Ante esta situación, que está impactando negativamente a miles de ciudades, se están proponiendo como prioritarias, medidas como “huertos urbanos, jardines comunitarios y proyectos de ciencia ciudadana que involucren directamente a la población local, consiguiendo espacios que, además de conservar la biodiversidad, fortalezcan los lazos sociales, crean empleos verdes y refuerzan el sentido de pertenencia”, precisa la Bióloga de la Universidad de Turín, Irene Regaiolo, agregando que “Las soluciones basadas en la naturaleza, desde plantaciones hasta infraestructuras verdes, pueden ayudar a combatir el cambio climático, reduciendo las islas de calor, promoviendo la conservación de la biodiversidad y fomentando la inclusión social”. Cada día adquiere más importancia la conservación en los entornos urbanos, ya que la población humana se está concentrando en las ciudades, que a su vez son cada vez mayores.
A lo anterior, debemos agregar que una investigación realizada en la ciudad de Raleigh, por la Universidad de Carolina del Norte y la de Copenhague, llegó a la conclusión de que en los sectores de mayor nivel económico existen más especies de artrópodos, vegetales, aves, lagartos y murciélagos, determinando a su vez que esto no es sinónimo de un número mayor de especímenes como para considerarlos plagas, sino de una mayor diversidad. Una afirmación que se deriva de estos estudios es que la “desigualdad ecológica dentro de las ciudades” es producto a su vez de la “segregación socioambiental”. Como también mientras más árboles tenga su entorno mayor diversidad y mejor bienestar colectivo.
Si hoy en día se sabe que la diversidad biológica en las ciudades aporta a la calidad de vida de sus habitantes, pero que de igual manera estos beneficios no se dan por igual en cada uno de los sectores socioeconómicos de las urbes, entonces nos debemos esforzar en lograr ciudades más incluyentes y equitativas, donde prime la justicia ambiental.
Se podrán seguir realizando cuantas convenciones sean posibles, acuerdos con las mejores intenciones, compromisos muy bien elaborados, pero si nuestras sociedades junto a sus respectivos gobiernos, tanto locales como nacionales, no damos los pasos que urgen para contrarrestar esta catástrofe climática, la hecatombe será inevitable. Desde las Juntas de Acción Comunal o las Juntas Administradoras Locales, los Concejos Municipales o las Asambleas Departamentales, la Cámara de Representantes o el Senado, debemos jalonar una sociedad ecológica.
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