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Somos pasajeros de la vida

Jorge Álvarez Villalobos

martes, 13 enero 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La repentina y trágica muerte del cantautor caldense, Yeison Jiménez, cuyas honras fúnebres serán hoy, luego de que sus cenizas sean expuestas en el Movistar Arena en Bogotá

para que sus seguidores le den su último adiós, conmocionó al país entero, no solo por su historia de vida, por su el contenido de sus canciones, pues en ellas le cantaba a la vida, al amor, al desamor, a la tristeza y a las alegrías; era el cantante de las historias simples, de la cotidianidad y eso lo acercó a la gente, porque sus seguidores lo sentían  como el artista de ellos, el de ahí, de la calle, del sacrificio, el de la superación día a día; lo veían como el artista honesto, sincero, humilde y de familia.

Fue por eso que, su prematura muerte a los 34 años, llegó como un inesperado y devastador golpe, no solo para el género popular de la música colombiana, sino para los miles de admiradores. Su muerte en la plenitud de su potencial creativo y artístico; con su voz que resonaba en las estaciones de radio, en las plataformas y sistemas digitales; pero que además alegraba las festividades en los municipios colombianos, que agitaba los corazones de sus admiradores en las presentaciones artísticas, se apagó en cuestión de instantes. Más allá de estas obviedades, su inesperada muerte, nos confronta con una abrumadora realidad: la vida en todo su esplendor es esencialmente efímera y, esa no es una opción, es una regla fundamental, es la muerte esa cita ineludible para todos los mortales en este planeta tierra. Yeison Jiménez, con sus canciones, entregó historias que perdurarán en la memoria de sus seguidores, aunque ya no está entre nosotros, ese extraño contraste nos conduce a la inevitable realidad del breve tránsito por la vida. Todos sabemos muy bien, que no podemos conocer cuando es la última despedida de los familiares, de los seres queridos y amigos; cómo tampoco, cuándo será el último café compartido, o cuándo no llegaremos a esa cita prometida, o a ese compromiso laboral, académico, profesional o familiar; aún así, pocas veces le damos el valor real a las cosas simples, pero que verdaderamente son la esencia de la vida; ese apretón de manos al amigo, el compartir un saludo al vecino, y por igual a quien no conocemos; la llamada sin motivo aparente, solo por saludar; el cafecito aquel, las risas y tristezas compartidas; ese te amo a los hijos, a los padres, a la esposa, al esposo. Esas cosas “insignificantes” para muchos, son parte de las letras de las canciones de Yeison Jiménez; plasmó con sencillez los momentos comunes y rutinarios de la vida en melodías que invitan a valorar las cosas simples de lo cotidiano.  Honrar la memoria de Yeison Jiménez, no se limita a escuchar su discografía. El verdadero homenaje consiste en adoptar lo que podríamos llamar: la urgencia serena, que es la determinación consciente de vivir plenamente cada día, sin la ansiedad del tiempo que inexorablemente transcurre, pero con la claridad de que cada instante merece presencia total. Urge vivir con el corazón.

 


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