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¡Tejiendo sueños!

Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez

domingo, 2 octubre 2022

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El 03 de febrero de este año, inauguramos, en la Diócesis de Armenia el programa ‘Tejiendo Sueños de Esperanza’ dirigido a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Ya han transcurrido ocho meses y hoy, podemos decir que hemos recorrido un sendero de esperanza en el que hemos sentido la bendición de Dios y … Continuar leyendo

El 03 de febrero de este año, inauguramos, en la Diócesis de Armenia el programa ‘Tejiendo Sueños de Esperanza’ dirigido a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Ya han transcurrido ocho meses y hoy, podemos decir que hemos recorrido un sendero de esperanza en el que hemos sentido la bendición de Dios y el apoyo de instituciones y personas generosas que han visto, en esencia, la posibilidad de corresponder a las necesidades de nuestra sociedad y especialmente de los más vulnerables. El programa nació de la inspiración evangélica: ‘el que se hace niño, se hace merecedor del reino de los cielos’ (Mt 19,14) en la que aplicamos la metodología denominada ‘aprender haciendo’, basados en las enseñanzas pedagógicas de María Montessori, Paulo Freire y San Juan Bosco. El proceso comienza en la calle como primer escenario, pues a través de ‘rutas fraternas’, visitando sectores deprimidos y entrando en contacto con las familias, se genera un ‘enganche’, es decir, se busca crear lazos de fraternidad y confianza que permitan luego a los chicos acercarse a la casa. Estas rutas son realizadas por un equipo interdisciplinario de la diócesis, responsable del programa bajo la dirección de una psicóloga y que compromete a otros profesionales: una trabajadora social, un educador de calle, una pedagoga y una educadora de casa. El segundo escenario es la casa; al llegar, los chicos son acogidos y, en la oficina ‘re-significando vidas’, comienza su itinerario; allí se les orienta y se les brinda la información pertinente acerca del funcionamiento del programa; cuando llegan con sus papás deben firmar el ‘consentimiento informado’, que garantiza la seriedad y responsabilidad de nuestro trabajo. La casa está animada por la espiritualidad de Don Bosco, quien dedicó su vida al servicio de la juventud y creó los denominados ‘oratorios’, una disposición espiritual y psicológica de la cual emanan el entusiasmo, la paciencia, la constancia. Se trata de la pedagogía del amor demostrado y recibido, como nos lo enseñó el mismo Jesús: ‘Ámense los unos a los otros como Yo los he amado’ (Jn 13,34). Este oratorio descansa en cuatro dimensiones: casa, escuela, Iglesia y patio. Más tarde, se añadieron otros dos rasgos: taller y patria. De ahí que, en nuestra casa se tengan algunos espacios en los que los chicos pueden interactuar, jugar, aprender música, soñar. Espacios que hemos denominado con algunos nombres sugestivos que invitan a compenetrarse con el ambiente y la espiritualidad: la sala de juegos –‘Diver-juegos’; ‘la sala del saber’ es la sala de cómputo y la sala de lectura; ‘sonidos del alma’ es la sala de música; ‘curitas de amor’ es el consultorio médico y espiritual; ‘sabores de ensueño’ es nuestra cocina; ‘sanarte’ la sala de arte; ‘toquecitos de confianza’ es la oficina de atención psico-social; el oratorio ‘Don Bosco’, espacio para la espiritualidad; ‘huellas de alegría’ es el patio donde se tienen algunas máquinas para la gimnasia y ‘teatro la Esperanza’. También nos dejamos seducir por la pedagogía de María Montessori, caracterizada por disponer un ambiente ordenado, estético, preparado que ayuda al desarrollo integral del niño en el que se promueve, la solidaridad, el respeto y la socialización y nos enseña que es a través del respeto, la escucha, la empatía, la confianza, la libertad, la responsabilidad, como se articula el amor. Asimismo, ‘la pedagogía de la esperanza’ de Paulo Freire, que propone una lectura crítica del mundo que no genere desesperanza, instando a pensar en las posibilidades que tenemos los seres humanos de reconstruir nuestra vida. De esta manera, concentrando nuestro trabajo pastoral y espiritual en ‘la persona’, centrados en Cristo, que dignifica y nos llama a un compromiso con la vida, el amor y la esperanza, nació este programa en el que hemos soñado y por el que hemos construido juntos ‘sueños de esperanza’. Todo esto ha permitido el acercamiento a diversas instituciones para generar alianzas y convenios inter institucionales exitosos. Se ha suscrito convenio y cooperación con la corporación Red Apoyar, la universidad Antonio Nariño, la escuela normal superior, el Gimnasio Contemporáneo, entre otros. Se cuenta con el apoyo de la universidad del Quindío a través de la facultad de trabajo social, el club de Leones y la donación del tiempo, talento y trabajo de un grupo de voluntarios formados por la diócesis. El programa ha sido socializado al cuerpo de oficiales y suboficiales con sus esposas, del ejército y la policía nacional. Hemos sido invitados a participar de algunos encuentros y reuniones con el ICBF, la secretaría de familia de la gobernación del Quindío. Se ha ido construyendo una red de benefactores que creen en este programa, además del apoyo de sacerdotes, instituciones como Jardines de Armenia y algunos medios de comunicación. Así que, gracias por creer en que ‘juntos podemos ser faro de luz’ para tantos niños, niñas y adolescentes que hoy más que nunca necesitan una voz de esperanza y acciones concretas que les ayude a resignificar sus vidas.


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