Hoy más que nunca reconocemos que la humanidad necesita profetas de esperanza. ¿Cómo serlo? Con valentía, con un apostolado de persona a persona, escuchando al que lo necesita, creando canales de comunicación con los fieles, intensificando la oración, preparando las homilías, enviando mensajes a los fieles, atendiendo a los enfermos y celebrando el sacramento de la confesión.
Sigue creciendo en Colombia el número de afectados por el coronavirus y las medidas extremas, sin precedentes históricos, ya se adoptaron: toques de queda en el país, cierre de gimnasios, restaurantes, centros comerciales, bares, instituciones educativas, jardines infantiles, hogares del anciano, jornada continua, de atención al público, el recurso de teletrabajo, Etc. La Iglesia, consciente de esta pandemia, ha tomado mediadas que generan malestar e incomodidad, críticas y resistencias, pero lo ha hecho pensando en el bien de todos en nuestra casa común. Como padre y pastor de esta Iglesia particular de Armenia, siento profundo dolor al tener que tomar esta decisión que implica cancelar la Semana Santa; mi proceder es la actitud de un padre de familia que no quiere ver sufrir a sus hijos; tengo una responsabilidad con todos los fieles y además al custodiar la fe, la exigencia de cuidar al otro en su integridad física y espiritual.
Es un momento histórico importante, en el que debemos unirnos y vivir la comunión eclesial, desde la humildad, reconociendo que todos debemos hacer sacrificios y que, como Iglesia, viviremos esta semana de pasión, asumiendo la cruz con esperanza y recibiendo las orientaciones dadas por la Iglesia y el gobierno con espíritu de acogida y de servicio. En medio del dolor de esta decisión, las palabras del papa Francisco resuenan en mi interior: “No dejen solo al pueblo de Dios”. Desde la diócesis, hemos implementado una acción evangelizadora denominada: ‘Tú no estás solo; tu diócesis te cuida’, con el deseo de llegar hasta sus hogares a través de las redes sociales.
Hoy más que nunca reconocemos que la humanidad necesita profetas de esperanza. ¿Cómo serlo? Con valentía, con un apostolado de persona a persona, escuchando al que lo necesita, creando canales de comunicación con los fieles, intensificando la oración, preparando las homilías, enviando mensajes a los fieles, atendiendo a los enfermos y celebrando el sacramento de la confesión. Nuestra presencia hoy debe seguir siendo activa, de manera distinta, pero efectiva y afectiva. No se trata de escondernos o encerrarnos, pero sí, cuidar a nuestros fieles. Es el momento para fortalecer la fraternidad sacerdotal.
Muchos hermanos consideran que la Iglesia se está dejando vencer por el maligno. Es verdad que el demonio siempre nos ataca, pero estamos viviendo una crisis que exige respuestas; estamos cerrando los templos pero no la Iglesia; los templos están vacíos, pero la fe sigue intacta. Que la santísima virgen María, madre de la esperanza, nos ayude a vivir esta Cuaresma y el Misterio Pascual de Cristo con el deseo profundo de una conversión que nos lleve a la reconciliación con nosotros mismos, con la naturaleza, con nuestros hermanos y con Dios.
Carlos Arturo Quintero Gómez
Obispo de Armenia
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