«Quiero un huevo con salchicha», le dice el niño a su madre mientras su estómago hambriento no para de rugir. Entre tanto, luego de escuchar la historia de la última conversación que tuvo con una mujer, Carlos le dice a su compañero, en un tono enérgico, «¡ese huevo quiere sal!». Al otro lado de la … Continuar leyendo
«Quiero un huevo con salchicha», le dice el niño a su madre mientras su estómago hambriento no para de rugir. Entre tanto, luego de escuchar la historia de la última conversación que tuvo con una mujer, Carlos le dice a su compañero, en un tono enérgico, «¡ese huevo quiere sal!». Al otro lado de la ciudad, la entrenadora le grita con ímpetu al joven deportista: «¡métale huevos (con h) a esos últimos metros!». Pasados unos minutos, una señora de avanzada edad, mientras veía las noticias de la mañana, pegaba un grito que retumbaría en toda la cuadra: «¡tiene huevo ese pendejo!». ¿La causa de tan iracunda reacción? Un señor de risa burlona afirmaba que «una docena de huevos cuesta 1800 pesos». Sí, ¡mil ochocientos pesos!
Son muchas las historias en Colombia que giran alrededor del «huevo» y, como las anteriores, se cuentan todos los días; pero, desafortunadamente, a partir de esta semana los huevos en este país ya no se verán de igual manera, debido a que «un pendejo», metió el dedo en la yema de pobreza de los colombianos.
En medio de conversaciones barriales y, a través del chismorreo de las redes sociales, los compradores y consumidores natos del huevo se enfurecieron por aquella herejía a la canasta familiar. Pasaron pocos minutos luego de que el congraciado señor ‘se equivocó’ con el precio de una docena de huevos y casi inmediatamente, empezaron a circular mensajes de toda índole, algunos con burlas por semejante afirmación, mientras que otros, iban en contra de aquel ministro que nunca la ha pensado dos veces para sacrificarse, con tal de ver sus proyectos triunfantes.
Y es que tal sacrificio vale la pena si —en medio de una pandemia que está dejando al pueblo hambriento— las conversaciones y los señalamientos se dirigen al mensajero que se equivocó, evitando de esta manera, seguir hablando de la reforma tributaria (más impuestos para el pueblo) que afectará el bolsillo de la mayoría de colombianos. Para la muestra un botón, es solo ver que nos quedamos con los chistes de los huevos y no con el trasfondo de una afirmación que busca empobrecer aún más.
La ‘bendita’ reforma tributaria continuará vendiéndose como ‘el salvavidas para la economía’ que fue aporreada por todo lo ocurrido en 2020. Y los que siguen liderando este país continuarán comportándose como capataces de una finca a la cual le bajan (imaginariamente) el precio del huevo cuando quieren.
En todo caso, la verdadera tragedia de los colombianos está en que nos ha faltado ‘huevos’ para no olvidar nuestra realidad. Nos ha faltado tener la valentía para dejar de creer —¡definitivamente!— en historias como las de los «12 huevos a 1800» o las de «cuidar los 3 huevitos».
Para salir de la pobreza tenemos que cambiar y todo empieza por ¡tener huevos!
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