En el universo de los textos, sean escritos, dibujados o en audio, todos son muy importantes y necesarios. Los textos se clasifican en tipos y géneros textuales. La lingüística se ha encargado de organizar y clasificar los diferentes tipos de textos para estudiarlos y generar procesos didácticos para su comprensión y producción. Los textos transmiten información, llevan un contenido y por tanto un mensaje, además surgen de una intención, siendo esta la que determina ampliamente el tipo de texto que se configura, aunque también es importante tener presente la relación con los hechos lingüísticos y las situaciones de producción.
Sin ser reduccionista, pero con el ánimo de acotar un poco, los tipos textuales más generales son: 1. Los textos narrativos, que podrían ser el tipo de texto más antiguo, puesto que, a través de narraciones, principalmente orales, se comunicaban las comunidades originarias. 2. Los textos expositivos-explicativos, que tienen como objetivo principal informar, explicar o presentar de manera objetiva y clara un tema específico. Este es el tipo de texto que ha ganado amplio terreno en el último siglo, puesto que es el texto para la comunicación o divulgación científica, así como se convirtió en el tipo de texto que vehicula los saberes enseñables. La intención con este tipo de texto gira en transmitir información de manera estructurada y coherente, utilizando ejemplos, definiciones, descripciones y detalles relevantes. 3. Los textos argumentativos se manifiestan a través de las estrategias empleadas por un orador o escritor para dirigirse a un público con el propósito de influir en su opinión, obtener su aprobación o lograr que acepten una situación o idea específica. Estos textos transitan principalmente las aulas universitarias, los escenarios publicitarios y los micrófonos políticos. Tenemos así tres grandes tipos de textos que sirven para organizar, caracterizar y comprender mucho mejor toda la diversidad comunicativa que existe, sin importar el formato. Textos narrativos son las novelas, cuentos, poesía, el teatro, el cine, entre otros textos que presentan un desarrollo cronológico y narración de sucesos en un orden dado. Textos explicativos-expositivos son los artículos explicativos, manuales, artículos científicos, enciclopedias, informes técnicos y textos instructivos. Los textos argumentativos son los ensayos persuasivos, editoriales, discursos políticos y cartas de opinión.
Ahora, ante un universo tan amplio de tipos textuales, de textos y de intenciones y propósitos tanto en la producción como en la comprensión o recepción, es necesario que el fomento de la lectura, del libro y de la biblioteca contemple esta diversidad textual, además de la diversidad cultural, generacional y tecnológica. Todos los tipos de textos son importantes, todas las formas e intenciones textuales son importantes. La lectura de cualquier tipo textual es importante. Los proyectos de fomento a la lectura y los programas educativos sobre lectura conviene que tengan en cuenta tal diversidad, especialmente para no caer en el sesgo intelectual letrado de juzgar “poca lectura”, “bajos índices de lectura”, “leer (literatura) nos hará mejores”, entre otros juicios que centran la lectura en el consumo de textos especialmente literarios.
Todos los textos son importantes, la arqueología de la lectura nos lo enseña, los testimonios más antiguos de la escritura, marcas presentes en tablillas de piedra fabricadas miles de años atrás, tienen una intención comunicativa concreta, informar matemática o contablemente sobre cierto número de cabras o de ovejas: Aquí hay diez cabras. Aquí hay diez ovejas. Un texto importante, trascendente y entrañable, puesto que evidencia el milenario origen de la escritura y de la lectura. Alguien produjo, talló esta información en esa piedra y alguien, posiblemente el mismo individuo, observó, leyó esa información.
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