¿Para qué se hicieron las rejas? Buena pregunta para comenzar este artículo. Busqué una definición sencilla y acertada y me encontré con esta: “estructura formada por varillas o barrotes que se entrelazan”, instrumento que, además de convertirse en un hermoso adorno, pues las hay de todas las formas, texturas, colores y diseños son también un … Continuar leyendo
¿Para qué se hicieron las rejas? Buena pregunta para comenzar este artículo. Busqué una definición sencilla y acertada y me encontré con esta: “estructura formada por varillas o barrotes que se entrelazan”, instrumento que, además de convertirse en un hermoso adorno, pues las hay de todas las formas, texturas, colores y diseños son también un buen recurso para la seguridad; las rejas nos aíslan de la calle, impiden el acercamiento entre las personas; con el paso del tiempo van perdiendo su color, se oxidan, por lo que hay que inmunizar el hierro, pintar de nuevo y cuidar. Las rejas soportan las inclemencias del tiempo, el frío y el calor, la lluvia y el granizo; cubren las ventanas de nuestras casas, son un filtro que impiden el ingreso o salida de intrusos. En el caso de las grandes viviendas de capos, terratenientes, adinerados, las rejas se transforman en muros impenetrables; ¡ay de quien salte las rejas! o viole la intimidad de estos amos y señores del mundo. En las cárceles, las rejas son un instrumento que divide zonas, patios, celdas garantizando la movilidad reducida de los reclusos; se abren con dispositivos tecnológicos o bajo la maniobra de un guardia, impidiendo a los presos la comunicación con otros, salir a la calle, etc.; las rejas han privado de la libertad a muchos hombres y mujeres que han dejado cegar su corazón por la maldad. También las religiosas y religiosos de clausura, que han decidido, alejarse del mundanal ruido viven en sus monasterios, han renunciado a ‘salir’ para dedicar sus vidas a Dios. Allí, en estos monasterios hay unas rejas que impiden el acceso de los fieles al convento, se llaman locutorios. Estas rejas han sido construidas no para ellas o para impedir que salgan, pues las hermanas allí, se sienten libres, han renunciado sin coacciones para dar lo mejor a Dios; las rejas son para que los fieles que llegan, recuerden que están en el mundo y no siempre se hallan libres, están tras las rejas de la concupiscencia, la lujuria, las adicciones, el desamor, las incomprensiones, la violencia, las luchas y fatigas. La ingeniería hidráulica usa las rejas como filtros para proteger los dispositivos o instalaciones que se pueden deteriorar por el agua. Aunque el mundo se llenó de rejas, yo prefiero las fincas y las haciendas cafeteras de antaño llenas de colorido, paisajes y jardines; casas sin rejas, en donde las habitaciones se comunicaban internamente y no había que cerrar puertas ni ventanas. Hoy, además de las rejas se pone portón, contra portón, chapas de seguridad, etc., todo para cuidarnos de los ladrones que buscan despojarnos de lo que hemos conseguido con esfuerzo. Diversos autores plantean que el origen de las rejas como estructura se remonta a la antigüedad, a la época de los griegos, romanos y egipcios que usaban el bronce como material para el cerramiento de puertas, ventanas y diferentes espacios como medio de seguridad y protección. Sin embargo, hay unas rejas que atraviesan dolorosamente nuestros corazones, son las esclavitudes que nos impide la libertad de los hijos de Dios; valdría la pena preguntarnos: ¿Qué rejas nos están impidiendo hoy la flexibilidad de mi vida y la armonía interior? Tristemente constatamos cómo los ciudadanos estamos tras las rejas mientras los delincuentes disfrutan, a sus anchas, de la libertad; algunos delinquen desde las cárceles mientras la inseguridad, el miedo y la zozobra agobia a nuestras comunidades. Cuando expresamos con extrañeza: ‘cuánta inseguridad’, ‘están robando mucho’, ‘ya no se puede andar desprevenido por la calle’, se oyen respuestas como estas: ‘es mejor colocar rejas suficientes en las casas para evitar el acceso de los ladrones’, ‘hay que andar con cuidado por las calles’ ‘no se puede dar papaya’. Lo sensato debería ser que las autoridades garantizaran a los ciudadanos, la seguridad, aunque reconocemos que no se puede poner un policía para cada uno, pero, no se puede olvidar que los ciudadanos pagamos impuestos. Los que delinquen, así sean de cuello blanco, deberían estar tras las rejas y la sociedad libre de cepos y cadenas.
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