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UN AÑO CRUCIAL

Ángela María Alzate Manjarrés

domingo, 11 enero 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Se han apagado los acordes de la música navideña y las luces de colores. Lentamente vamos regresando a la normalidad, retomando rutinas, abriendo procesos, proyectando metas y volviendo al ritmo del trabajo, el estudio y la vida cotidiana.

El puente festivo (conmemoración de los Reyes Magos), nos conduce a un martes que anticipa ser vertiginoso, pues muchas cosas empiezan, en especial, los procesos políticos.

Vienen las consultas, que mostrarán tendencias y preferencias para ir concretando quién será el nuevo inquilino (a) de la Casa de Nariño y permitirá que se midan fuerzas.

Siempre es importante el proceso que lleva a la definición del nuevo mandatario (a), este año, más, no solo por la realidad que Colombia está viviendo, con tensiones en orden público y asuntos económicos, sino también por el contexto geopolítico mundial, que es complejo. ¿Qué es importante en el proceso de las consultas?

Primera, que se mantenga la filosofía de participación y de legitimidad, ajena a intereses perversos y a manipulaciones externas.

Segunda, que se goce de total transparencia tanto en la votación como en el escrutinio y que los resultados realmente reflejen el querer ciudadano.

Tercera, que se honren los compromisos previos que sean acordados, pues ha hecho carrera que los perdedores deshonren su palabra y con argumentos diversos, tomen otros caminos y desvirtúen los propósitos de unidad pretendidos.

También vendrán las dos vueltas presidenciales (que vienen siendo tres, si se piensa en profundidad, por las consultas). Tres elementos para considerar:

Primero, el exceso de candidaturas desvirtúa la democracia y hace que la autenticidad electoral se diluya. Ello resta legitimidad y gobernabilidad al elegido, pues termina siendo seleccionado por la mayoría de la minoría, lo que, en la práctica, es un grupo pequeño de aquellos que estaremos cuatro años bajo un determinado estilo de gobernar.

Segundo, que se preserve el respeto en los debates, que los candidatos sean honorables al referirse a sus contendientes, pues si bien es normal que existan disensos y bajos (o nulos) niveles de empatía, la democracia es para elegir y para ello es fundamental la diversidad. Si un candidato no es del agrado de alguien, igual es titular de derechos políticos y dignidad que ninguna discrepancia puede anular.

Tercero, que exista independencia, imparcialidad y, sobre todo, sentido de honor y mucha, mucha, mucha honestidad, en cada uno de los involucrados en las dinámicas electorales. Que quede atrás la pésima mañana de quitar o poner cifras en los formularios.

Finalmente, elegiremos a los miembros del Congreso, nada más, ni nada menos, que la junta directiva que regirá los destinos de la patria. Necesitamos gente honorable, seria, con ejecutorias reales (no solo con intenciones) y, sobre todo, seres cuya historia esté limpia, pues seguir patrocinando que los históricamente reconocidos como corruptos, que aquellos sobre los que pesan tantos mantos oscuros de duda y deshonor, sigan ocupando una curul en el Congreso de la República, es algo impensable.

Ojalá cada ciudadano, sea consciente y honorable, pues este, es un año crucial.

 


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