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Un diccionario de regalo

Mauricio Hernández

miércoles, 21 enero 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

El año que acaba de terminar no quise culminarlo con un engaño a bordo.

Así que me di a la tarea de escribirle una solicitud expresa de Navidad a mi esposa. El año anterior —es decir, en 2024— no hice ninguna petición de regalo específica. Entonces, ella resolvió darme un obsequio de disfrute colectivo: una perrita para la familia, que nació para protagonizar La dama y el vagabundo, y no precisamente para encarnar a la dama. Pero bueno, esta no es la ocasión para hablar sobre aquel embobe decembrino.

 

«Querido Niño Dios», puse como encabezado de la carta. Y para que quedara claro desde el inicio, añadí: «Amé a la perrita que me trajiste el año pasado». Luego fue esencial decir, sin reproches: «Me ha dado unas alegrías incalculables». «No obstante» —ahora sí inicié con la prerrogativa—, «para esta ocasión quiero pedirte ver materializado un anhelo que hay en mi corazón (nada como pedir algo apelando a las emociones): deseo», continué, «que me traigas un diccionario como regalo de Navidad».

 

Confieso que la imaginé leyendo esta misiva en medio de la confusión. Entonces precisé: «Sí, no te aterres. Quiero un diccionario. Pero ¡no cualquier diccionario!». En este punto, y con breves palabras, era esencial mostrarle que el diccionario era uno en específico. No cualquiera. Tampoco una imitación. Mucho menos un diccionario incompleto, porque el que yo quería era un diccionario de dos tomos.

 

«El diccionario que quiero es el de María Moliner», le escribí con un tamaño de letra superior, como si fuera un subrayado sin línea baja. Y puntualicé: «Y como yo sé que no es cualquier diccionario, y que tampoco es fácil encontrarlo, y como tampoco es barato, te lo pido de manera anticipada».

 

A esta carta, que escribí y le entregué terminando octubre, le hice una posdata: «Es preciso que, en donde lo vayas a comprar, confirmes, por un lado, que sean dos tomos: uno que va de la letra A a la letra H, y otro que traiga el resto de las palabras». Además, añadí otra recomendación: «Si bien no lo he visto en ninguna otra editorial, es mejor que te percates de que sea de la editorial Gredos».

 

Culminé este escrito con lo siguiente: «Yo sé que va a ser un poco difícil por todo y todo, pero quiero que sepas que, en caso de que no lo consigas, pienses muy bien si queremos otro perrito en nuestra casa».

 

Al recibir mi carta, ella solo exclamó: «¡Oh, por Dios!». Luego, el quince de diciembre, me manifestó de manera teatral que no había podido completar la misión. «Bastante difícil conseguirlos», señaló.

 

Algo me decía que no perdiera las esperanzas. Tal vez María Moliner, con palabras precisas, me lo declaraba: «Espera. No pierdas la fe». Y así fue: en la madrugada de Navidad recibí el diccionario anhelado. Me la pasé todo ese día jugando con las palabras. Hasta hoy, cuando sigo descubriendo significados inimaginados al interior de este diccionario «completo, útil y divertido».

 


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