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Un mundo en clave R

Mauricio Hernández

miércoles, 27 mayo 2020

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

La decimonovena letra del alfabeto español representa, hoy en día, un sinnúmero de circunstancias que atravesamos como humanidad. Pareciera que en medio de la época de los virus, el jabón líquido y el tapabocas, la sociedad vive un tiempo de cambios inevitables que hacen pensar en una gran revolución en todas sus esferas. 

Y es que en lo que va corrido de 2020, hemos transitado por una ruta totalmente desconocida, impredecible, incierta. A tal punto que en las redes sociales se ha preferido caracterizar nuestras vivencias al mejor estilo de Jumanji, el juego hollywoodense de los continuos niveles retadores. Toda una aventura, si pensamos que en un par de meses, la vida nos cambió de una manera tan rápida que hasta la propia velocidad de la información se tornó lenta. De un momento a otro, nuestra atención se enfocó en los resultados diarios de la salud en el mundo.

 En la medida que avanzaba la pandemia, los científicos difundieron gran cantidad de conceptos propios de la ciencia. En su gran mayoría, desconocidos y difíciles de comprender. Por ejemplo, el Índice de Reproducción —R0—, el cual determina el número de personas contagiadas por un sujeto que adquirió el virus, fue uno de los que más se divulgó desde un contexto epidemiológico. Por su parte, las autoridades evidenciaron pública y diariamente las cifras de contagiados, fallecidos y recuperados. Un recuento estadístico que creó toda una atmósfera mediática del espectáculo a partir de los números, las predicciones y las curvas moviéndose por el plano cartesiano.   

 Llegamos a un punto de saturación tan alto, que por momentos fue difícil racionalizar los escenarios que se configuraron, de cierta forma, caóticos. Y es que colectivamente tuvimos que regularnos y responsabilizarnos de nuestros actos para preservar la especie, una acción que ni el propio cambio climático había provocado.  

 Pero bueno, con el paso del tiempo los científicos siguen apelando a la investigación para lograr tener una vacuna y los gobiernos han ejecutando una amplia gama de medidas para retomar las actividades cotidianas. También empezamos a recuperarnos como individuos y como sociedad, un acto lógico y natural ante las complejas y difíciles situaciones. Y por supuesto, hemos ido reiniciado la normalidad, una ‘nueva normalidad’ como la han denominado en algunos círculos académicos. 

Otras tantas actividades han tenido que seguir pausadas hasta que exista la posibilidad de reactivarlas con unos detallados y rigurosos protocolos de bioseguridad que, muy seguramente, nos restringirán la libertad de antaño. 

Nos queda entonces reinventarnos, pese a que de tanto uso, esta palabra tendrá que volverse a inventar de alguna manera. Eso sí, debemos apelar a la resiliencia para avanzar y no quedarnos petrificados por las circunstancias.

En todo caso, lo que sí tenemos que hacer es crear y rebuscar nuevos caminos para enfrentar nuestros propios dramas, que por supuesto son reales y ameritan una reflexión y un repensar profundos para que podamos retomar y reconstruir desde un principio fundamental: una renovación del nosotros.

Mauricio Hernández  
amhernandezc@uniquindio.edu.co


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