Definitivamente las tecnologías de la comunicación e información –TIC- ejercen una influencia en la vida de los seres humanos. Con razón, el Papa San Juan Pablo II afirmaba: “El primer areópago de los tiempos modernos es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola –como suele decirse- en una aldea … Continuar leyendo
Definitivamente las tecnologías de la comunicación e información –TIC- ejercen una influencia en la vida de los seres humanos. Con razón, el Papa San Juan Pablo II afirmaba: “El primer areópago de los tiempos modernos es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola –como suele decirse- en una aldea global”. Somos ciudadanos del mundo en esta aldea como lo planteaba Marshall Mc Luhan, teórico de la comunicación. De hecho, los medios de comunicación junto con la familia como célula de la sociedad, la escuela y los pares o amigos, son agentes socializadores primarios que, si lograran articularse podrían construir un emporio educativo de gran beneficio para la sociedad y, por ende, para los individuos. Una mirada retrospectiva al periodismo en Colombia y en el mundo, nos permitirá reconocer la necesidad de ‘volver a los orígenes’, recuperar nuestra memoria histórica y revisar lo que está sucediendo hoy en el contexto mundial. En nuestro medio, se destacan buenos periodistas con alta capacidad humana, sentido ético y responsabilidad social; sin embargo, cuando la soberbia y el engreimiento toca a las puertas de un corazón insensato otros intereses surgen en detrimento de la dignidad humana y no importan ni los medios ni las maneras ni los límites de la ética para hacer daño. Qué triste comprobar que algunos periodistas se revelan como ‘iconos’ del periodismo y reclaman este derecho cuando en verdad no alimentan su vida de la verdad, sino que terminan atropellando a sus interlocutores. Con mucha facilidad algunos medios de comunicación lanzan improperios contra diversas personalidades, publican informes y difunden noticias sin contrastar la verdad y escuchar la otra versión; publican imprecisiones, se ensañan contra algunos ciudadanos y consideran que no tienen por qué difundir sus fuentes periodísticas, cuando las verdades que difunden son verdades a medias o noticias falsas. Algunos se presentan como investigadores, usurpando la función de los fiscales y de los jueces, dictando sentencia y poniendo a hombres y mujeres en la picota pública. Cuando alguien intenta ponerlos al descubierto se rasgan las vestiduras e invocan la libertad de prensa y la libertad de expresión y si se busca una corrección o aclaración en la noticia se invoca la ‘censura’ contra la prensa. Y qué decir de algunos medios radiales que destrozan la dignidad de la mujer, recurriendo al morbo, al doble sentido, a palabras soeces y a historias obscenas o chistes de grueso calibre. Quizás algunos periodistas y medios se sientan incómodos con estas afirmaciones, pero no podemos tapar el sol con un dedo; hay una crisis en el periodismo y toca a las puertas de la ética, la responsabilidad social y la construcción de país. Con qué facilidad algunos periodistas asumen partido político y defienden su color o su posición; otros, redactan sus noticias en un escritorio, hurgando en páginas web, redes sociales, llamadas telefónicas, entrevistas enviadas vía WhatsApp; algunos se enojan si tienen que esperar a ser atendidos y exigen que deben ser escuchados sin dilación; otros, azuzan a la ciudadanía a la división, la confrontación y polarización promoviendo una espiral de odios e insultos. Permítanme también elogiar el trabajo de los periodistas que actúan con ética y sentido ciudadano; aquellos que escriben, hablan, ‘presentan’ con diligencia, respeto por el otro y alto sentido de humanidad. A los periodistas que continúan actualizándose en los avatares de la buena prensa y se preocupan por investigar, profundizar, escuchar, buscar la noticia. A los periodistas que construyen país sin ocultar la verdad, pero, más allá de la preocupación por una chiva noticiosa, revisten la noticia de sensibilidad social sin adornar con palabras ni adulaciones humanas. A los periodistas que le apuestan a la reconciliación, a la unidad y saben aceptar sus errores con humildad, corrigen con prontitud y piden ‘perdón’ públicamente si han difundido noticias falsas. De ahí la importancia que los medios de comunicación y, por ende, los comunicadores y periodistas, eviten toda autorreferencilidad, hagan autocontrol, autocensura, aplicando los principios y códigos éticos del periodismo. Si queremos que el periodismo en Colombia, especialmente en el departamento del Quindío recupere la credibilidad que ha ido perdiendo, debemos unirnos y promover juntos una cruzada por la verdad, la ética y la responsabilidad social.
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